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Concejo de la Mesta

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Concejo de la Mesta

El Honrado Concejo de la Mesta de Alfonso X fue creado en 1273 por Alfonso X el Sabio, reuniendo a todos los pastores de León y de Castilla en una asociación ibérica y otorgándoles importantes prerrogativas y privilegios tales como eximirlos del servicio militar y de testificar en los juicios, derechos de paso y pastoreo, etc. 

Con anterioridad ya los ganaderos se reunían en asambleas o concejos llamados "mestas" (la palabra mesta proviene de mixta, que significa 'mezclada') en diversas localidades dos o tres veces al año con el fin de tratar de los negocios concernientes a sus ganados o gobierno económico, y para distinguir y separar los mestencos (animales sin dueño conocido) que se hubiesen mezclado. 
Durante la Edad Media y con el paso del tiempo, se añaden nuevos privilegios reales a la Mesta, como pasará a ser conocida, junto con una fiscalización especial para protegerla de los agricultores, lo que provocó largos e incontables pleitos hasta el año 1836, en que se abolió.  

Pastos de montaña en Villafranca de la Sierra (Ávila, España)
La Mesta es considerada una de las agrupaciones corporativas o gremios más importantes de Europa de la Edad Media y el primer gremio ganadero, aunque existieron corporaciones locales de ganaderos anteriores en Aragón (Casa de Ganaderos de Zaragoza).

Los orígenes de La Mesta

Las diferentes corrientes historiográficas han definido distintos discursos sobre cómo tiene origen La Mesta más allá de lo puramente institucional, atendiendo esencialmente a cuales fueron los hechos que dieron lugar a la creación de la propia institución. La relevancia de este estudio se hizo patente ante la divergencia de los análisis de los diferentes historiadores, sobre todo, en la elaboración del discurso historiográfico sobre la "Crisis del siglo XVII". De ese modo, para aquellas corrientes que construyen un discurso sobre el decaimiento de la corona hispánica en el siglo XVII, La Mesta nace como una organización democrática de pequeños ganaderos y propietarios que son reunidos por Alfonso X por vez primera en 1273. De ese modo, la Mesta se entiende como una organización exclusivamente o al menos dominada por ganaderos, hasta que Carlos V "en su afan recaudatorio", moldease la institución para que fuese controlada por grandes propietarios nobles y eclesiásticos. En esa línea se entienden los estudios de Vicens Vives en su Manual de Historia Económica de España, entre otros. 

El 2 de agosto de 1273, el rey Alfonso X concedió un privilegio a la asociación de ganaderos que cada año se reunían bajo el «haya pomposa», cuyos hijos aún existen, cerca de Barbadillo de Herreros, concediéndoles el título de «Honrado». Fue la primera institución de derecho público en favor de la oveja. 

Sin embargo, otros estudios (Sobrequés, Reyna Pastor) plantean líneas de investigación más vinculadas a la que se ha llamado "realidad social" de La Mesta. Se encuentra y determina en los orígenes de la trashumancia en Castilla, una serie de aristócratas ricos y eclesiásticos, dueños de grandes rebaños, son en realidad el germen de la nueva institución, fundamentalmente interesada en los privilegios de la trashumancia. Esto explicaría en parte el proceso de conflicto entre ganaderos y agricultores en una lucha de privilegios (que Sobrequés entiende como equilibrada) y que finalizaría con la victoria de aquellos sobre estos. 

A estas tesis sobre los orígenes de la trashumancia hay que añadir el importante peso que algunos historiadores le dan a la aparición de la oveja merina, cuya lana se convertirá en el principal producto de exportación de Castilla durante varios periodos en la Baja Edad Media y la Edad Moderna. Tal es su importancia, que algunos historiadores han considerado que sin oveja merina no habría Mesta. Por ello, se mostró importante entender la llegada de la oveja merina a la Península, importada desde el Magreb, como intuyó Klein y otros historiadores como Robert S. López buscaron demostrar. No hay más que elucubraciones sobre por qué fue esta importada a la naciente Mesta y no a Andalucía, mucho más cerca geográfica y culturalmente con el Norte de África; o a Aragón, cuyas rutas comerciales ya conocían la lana de oveja merina, vendida, al menos, en Túnez.

Pastores y labradores

En la España medieval, durante la Reconquista, los reinos cristianos y musulmanes estaban separados por una franja de territorio que podía llegar a tener hasta 100 km de anchura, casi despoblados, pues era tierra de nadie sometida a continuas incursiones bélicas de los dos bandos. En estas tierras no valía la pena labrar, porque las campañas bélicas se organizaban durante el buen tiempo, en la época de las cosechas, de modo que lo más probable es que, por unos o por otros, acabaran dadas al fuego o al saqueo.
Alfonso X el Sabio.


Este territorio lo aprovechaban los pastores, cuyo ganado podía moverse de un lugar a otro, practicando la trashumancia, de modo que lo recorrían durante el otoño y el invierno (temporadas frías) y, en la temporada de campañas (primavera y verano), se refugiaban en las montañas del norte, más húmedas y que conservaban sus pastos durante el tiempo cálido, consiguiendo formar una ganadería muy importante. La base principal de la importancia económica de estos rebaños era la oveja merina, cuya lana, de gran calidad, era apreciada (y todavía lo es) en toda Europa, así como la oveja churra, para carne y leche. La lana tenía como mercados más importantes Medina del Campo y Burgos. Conforme avanza la Reconquista, estas tierras se van repoblando y labrando, mientras se establece otra franja de tierra de nadie más hacia el sur. 

Cuando el rey Fernando III dio un gran impulso a la Reconquista (siglo XIII), incorporando a sus reinos gran cantidad de territorio y haciendo tributarios a los reinos "moros" que quedaban, la tierra de nadie se convierte en segura y los labradores roturan los pastos, prohibiendo el paso de los ganados que se comían las plantas verdes. Teniendo en cuenta que otra gran riqueza de Castilla es el trigo, los reyes (empezando por el sucesor de Fernando III, Alfonso X el Sabio) se ven en la necesidad de promulgar leyes para defender a unos y a otros, protegiendo las cosechas en general, al establecer caminos delimitados para el ganado entre las tierras cultivadas (cañadas, cuerdas, cordeles, etc.) para facilitar la trashumancia y el paso entre unas zonas de pastos y otras, generalmente situadas en zonas de difícil roturación. 

Historia de la Mesta

Las agrupaciones de pastores y ganaderos se fusionaron en la "Real sociedad de ganaderos de la Mesta", según el privilegio de Alfonso X el Sabio, en 1273 en Gualda, aunque su denominación y reglamentación es de 1347, reinando Alfonso XI. Como se ha dicho, con su creación se intentaba evitar posibles conflictos entre agricultores y ganaderos, ya que estos últimos debían atravesar las tierras de los agricultores con sus rebaños dos veces al año, produciendo daños en los cultivos. Esto se subsanó construyendo unos itinerarios concretos: los de mayor anchura se llamaban cañadas, y las más importantes de entre ellas se llamaban cañadas reales, dando testimonio de su creación por el rey.

En las cortes de Toledo de 1480, se decreta dejar libre el paso de rebaños entre Aragón y Castilla, manifestándose el papel preponderante que los Reyes Católicos darían a la Mesta.​ El mismo año otro decreto otorgaba libertad absoluta para el tránsito de ganados en ambos reinos. Con esto no solo pretendían proteger esta actividad, sino también incrementar los ingresos de la corona mediante el arrendamiento y la venta de derechos de pastos.​ A partir de entonces, el presidente de la Mesta sería el miembro más antiguo del Consejo Real.

La Mesta alcanzó su máximo esplendor en 1492, año en que los campesinos consideraron excesivos los privilegios concedidos a la Mesta. Se originó entonces el refrán Tres Santas y un Honrado tienen al pueblo agobiado. Las santas era la Santa Inquisición, la Santa Cruzada y la Santa Hermandad; el trío se completaba con el Honrado Concejo de la Mesta.
 
Desde el año 1500, la Mesta se organizaba celebrando dos asambleas al año, una en el sur de la península entre enero y febrero, y la otra en el norte, entre los meses de septiembre y octubre.​ La labor de estas asambleas era resolver principalmente asuntos de carácter interno como la organización de las trashumancias próximas, orden de paso y la elección de los cargos que debían dirigir la Mesta.
 
El cargo principal era el de Presidente, los cuatro alcaldes de cuadrilla, que le ayudaban en sus tareas y los alcaldes mayores. También tenían relevante importancia los jueces de comisión, encargados de juzgar y multar a los que no cumplieran la extensa normativa de la Mesta. 

Cañada Real Leonesa Occidental en el Valle de Amblés, Ávila, España.
Existe un gran desconocimiento sobre el funcionamiento a nivel institucional de la Mesta, lo que ha provocado todo tipo de especulaciones al respecto y ha creado “la leyenda negra”, que decía que desde los Reyes Católicos, la Mesta era una máquina perfecta por su organización, atribuciones y actuaciones.

Fue una organización muy poderosa debido a los privilegios que los reyes le concedían, ya que la lana era un importante producto entre los que exportaba Castilla a Europa, por lo que se debía fomentar la producción de lana, a veces en detrimento de la agricultura, con el caso paradigmático de Extremadura, y la casi desaparición de la agricultura, previamente dominante. Por ello se acusa a la Mesta de ser una las causantes de la deforestación sufrida en la península a lo largo de la historia, ya que la gran cantidad de ganado necesitaba mucho pasto para alimentarse.
 
Su decadencia y posterior desaparición en el año 1836 tuvo varios motivos:


  • La pérdida del monopolio mundial de producción de lana merina (lana de alta calidad), a causa del robo de ganado durante la invasión de Napoleón, produciendo la caída de precios y la pérdida de mercados. Se consideraba que la salud de la población en el norte de Europa y Estados Unidos dependía de la cantidad de lana disponible por la población.
  • Elevados precios locales que hacen que las exportaciones de la lana empiecen a ser menos competitivas.
  • Continuos conflictos entre ganaderos y la industria, que poco a poco van tomando poder y les van limando ciertos privilegios.
  • Las guerras con Portugal, que hacen que muchas cañadas no puedan ser utilizadas.
  • La creciente necesidad de dinero de la Corona, que hace que la Mesta pierda privilegios de tipo económico.

Cañadas reales

Las principales cañadas reales por las que circulaba el ganado de la mesta fueron:

  • Cañada Real de La Plata: partía de León, atravesaba Zamora, Salamanca, Béjar y desde allí se dirigía a Plasencia, Cáceres, Mérida y Badajoz, con ramificaciones hasta Portugal y Andalucía.
  • Cañada Real Leonesa Occidental
  • Cañada Real Leonesa Oriental
  • Cañada Real Soriana Oriental
  • Cañada Real Soriana Occidental
  • Cañada Real Segoviana: partía de La Rioja con dos ramales, el primero se dirigía al suroeste por Burgos, Palencia, Segovia y Ávila, para unirse en Béjar con la leonesa, y el segundo partía de Cameros, pasaba por Soria, Sigüenza, El Escorial hasta Talavera de la Reina, continuando por un ramal hacia Guadalupe, Almadén y llegaba al valle del Guadalquivir.
  • Cañada Real Manchega: nacía en Cuenca con las llanuras murcianas, atravesando La Mancha y parte alta de la cuenca del Guadalquivir.
  • Cañada Real Conquense
  • Cañada Real de Fuengirola.
Cuando llegaban cerca de sus destinos, había toda una serie de caminos menores, con diversos nombres según su importancia: cuerdas, cordeles, etc., para repartir el ganado por las zonas de pastos. 

Principales Cañadas Reales de Castilla y sus equivalentes en los otros reinos españoles.









Reino de León

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Reino de León


El reino de León (en latín, regnum Legionense, asturleonés: reinu de Llión, en gallego, reino de León, en portugués, reino de Leão) fue un reino medieval independiente situado en la región noroeste de la península ibérica. Fue fundado en el año 910 cuando los príncipes cristianos del reino de Asturias, en la costa norte de la Península, trasladaron su capital desde Oviedo a la ciudad de León. Tuvo un papel protagonista en la Reconquista y en la formación de los sucesivos reinos cristianos del occidente peninsular. El condado de Portugal se separó para convertirse en el independiente reino de Portugal en 1139 y el este, parte interior de León, se unió al reino de Castilla en 1230.

Desde 1296 a 1301, el reino de León volvió a ser independiente y después de la nueva unión con Castilla permaneció como parte de la Corona de Castilla hasta 1833. En el Real Decreto del 30 de noviembre de 1833, el reino de León fue considerado una de las regiones españolas región de León, dividida en las provincias de León, Zamora y Salamanca. En 1981, esas tres provincias se incluyeron junto con las seis provincias de la región histórica de Castilla la Vieja para crear la comunidad autónoma de Castilla y León. Sin embargo, importantes partes del antiguo reino integran hoy esas tres provincias y las comunidades autónomas de Extremadura, Galicia y Asturias.

Bandera
Extensión territorial

El reino de León se enmarcaba en el noroeste de la península ibérica, en su máxima extensión abarcaba el norte de Portugal, las actuales comunidades autónomas de Galicia, Principado de Asturias, Cantabria las provincias de León, Zamora y gran parte de la provincia de Salamanca Castilla la vieja, la actual provincia de Cáceres, la de Badajoz y el norte de Huelva.

Historia

Siglos IX-X: reino asturleonés

Los primeros años de existencia del territorio cristiano aparecen envueltos en la oscuridad, debido a la parquedad de las fuentes que apenas descubren alguno de los interrogantes que surgen de los primeros años del reino de Asturias y su lucha por la supervivencia. Tras la conquista de la Península por los ejércitos ismaelitas en el 711, aparecen focos de resistencia localizados en la zona cantábrica y en la figura de Don Pelayo. Pelayo, refugiado en el monte de Auseba, acaudillará los hostigamientos a las tropas árabes que supondrán el comienzo de la resistencia cristiana. Pero realmente será Alfonso I de Asturias (737-757), yerno de Pelayo, quien en un intento de organizar los territorios, funde la monarquía como tal, extendiendo el reino hasta la Cordillera Cantábrica. En tiempos de Alfonso II (791-842) se instala la capital en Oviedo, y es en esta época cuando se descubre el Santo Sepulcro. Ordoño I, en el año 856, repuebla y reconstruye las murallas de ciudad de León y Astorga. Alfonso III el Magno (866-910) será quien traslade la frontera hasta el Duero, repoblando Zamora, siendo el suyo, uno de los grandes reinados de la dinastía astur.

La ciudad de León se convertiría en un punto estratégico en el reino debido a su historia, su potente fortifiación romana, así como un centro neurálgico del territorio astur, cuya capital se había encontrado veinte kilómetros al sur, en la ciudad de Lancia.

La Corona de León

Tras la muerte de Alfonso III el Magno, el reino de Asturias se divide y queda repartido entre sus hijos:
  • García I recibe León, Álava y Castilla, fundando el reino de León.
  • Ordoño II recibe Galicia.
  • Fruela II obtiene Asturias.
Al morir García I en 914 sin descendientes, Ordoño II se trasladó a León donde fue aclamado rey, lo que supone que Galicia y León compartan el mismo monarca, y el que trasladaría definitivamente la capital del reino de Asturias desde Oviedo a León. Con lo que se creará un nuevo reino, el de León, que aglutinará al asturiano, ya que Fruela II permaneció en Asturias, pero reconociendo la primacía del reino leonés.

En el marco de las luchas entre Alfonso IV y su hermano Sancho Ordóñez, el reino de Galicia y el de León dejan de compartir rey, ya que Sancho se refugia en Galicia huyendo de su hermano en 926, coronándose como rey de Galicia y manteniendo el reino independiente hasta su muerte en el año 929. A su muerte, el gobierno de ambos reinos recae en la persona de Alfonso IV.

Uno de esos levantamientos conduciría a la coronación en Galicia de Bermudo II de León (982). El nuevo rey derrotaría a Ramiro III de León y acabaría unificando de nuevo ambos territorios.

Panteón de reyes de San Isidoro de León
Con la formación del nuevo reino continuará la reconquista contra los musulmanes e incluso la lucha contra otros reinos cristianos como el de Navarra.

Siglo XI: Hegemonía de León y la corona imperial

El reino de León se expande hacia el Duero y el sistema Central hasta la actual Extremadura y logra hitos como la dotación de fueros de Alfonso V, la creación de un arte de repoblación leonés y un gran desarrollo de los sistemas administrativos.

En el siglo XI, Sancho III El Mayor de Navarra adquiere el condado de Castilla como herencia. En 1035 deja dicho condado a su hijo Fernando. Fernando I estaba casado con Sancha, hermana, a su vez, de Bermudo III de León. Fernando provoca una guerra en la que muere el soberano leonés en la batalla de Tamarón contra la coalición castellano-navarra. Al no tener descendencia Bermudo III, su cuñado (Fernando I) se apropia de la corona leonesa esgrimiendo los derechos de su mujer, tomando el título de rey de León con gran oposición entre los leoneses, que no quieren ver convertido en monarca al hombre que ha matado a su rey. Así, Fernando vuelve a unir el condado de Castilla al reino de León. A la muerte de Fernando I en 1065, su testamento sigue la tradición navarra de dividir los reinos entre los herederos:
  • Al primogénito, Sancho II, se le lega el condado de Castilla con título regio: así nace el reino de Castilla;
  • A Alfonso VI, el favorito según las crónicas, se le otorga el territorio aportado por la madre: León, que disfruta de las mejores y más valiosas parias musulmanas;
  • Al tercero, García, se le entrega Galicia y la ciudad de Coimbra, la primera ciudad musulmana conquistada.
  • A sus hijas Urraca y Elvira, la jurisdicción de todos los monasterios reales.
Sancho II de Castilla, no conforme con el reparto, pues su hermano menor obtiene el reino más importante, comienza una guerra. Junto con Alfonso VI conquista Galicia. Sancho no contento con Castilla y media Galicia, ataca a su hermano y ocupa León con la ayuda de El Cid. Gracias a Urraca, en Zamora se refugia el grueso del ejército leonés, al que Sancho pone cerco; será el famoso cerco de Zamora, donde el rey castellano es muerto por el noble leonés Vellido Dolfos, retirándose las tropas castellanas. De este modo, Alfonso VI recupera todo el territorio, gobernando como rey de León, Castilla y Galicia.

Reinos de la Península en 843 y 1150.
En el reinado de Alfonso VI se consolida el poder del monarca leonés sobre Castilla, siendo reconocido «Emperador de los Reinos Hispanos» por el papa Gregorio VII. Además, con Alfonso VI se produce un acercamiento al resto de reino europeos, especialmente a Francia, pues casa a su hija Urraca con Raimundo de Borgoña (1090) y más tarde a Teresa con Enrique de Borgoña (1095). En el concilio celebrado en Burgos en el 1080 se sustituye el rito mozárabe, usado hasta entonces en León, por el romano.

En la época de Alfonso VII El Emperador (1126-1157), reyes de toda la península ibérica y sur de Francia se declaran sus vasallos. Pero tras una etapa de esplendor imperial la unidad se desvanece, desapareciendo también el título de emperador de León.

Ya bajo Alfonso VII, Portugal se independiza de León, creando un reino gobernado por la hija de Alfonso VI, Teresa, casada con Enrique de Borgoña, y se recrudecen las luchas fronterizas con Castilla, y a su muerte, el hijo de Alfonso, Fernando II, hereda el reino de León, y Sancho III, el de Castilla.

Su sucesor, Alfonso IX, se convierte en uno de los más afamados monarcas del reino de León. Bajo su mandato se convocan las Cortes Leonesas de 1188, primeras cortes europeas en las que participa el tercer estado. En ellas se reconoce la inviolabilidad del domicilio, del correo, la necesidad del rey de convocar Cortes para hacer la guerra o declarar la paz, y se garantizan numerosos derechos individuales y colectivos. A estas Cortes le seguirán las de Benavente (1202), en las que se fijarán los principios y derechos económicos de la Corona de León y sus habitantes, y otras nuevas en León un lustro después. En las Cortes de Benavente de 1202 se referencia que la Corona de León está compuesta por cuatro entidades territoriales: León, Galicia, Asturias y Extremadura.

Con Alfonso IX el reino se extiende por Extremadura, logrando una gran expansión territorial. El s. XIII va a ser un periodo en que los reinos peninsulares viven un auge de los sentimientos nacionalistas. La expansión territorial de los reinos de Portugal y Castilla, que amenazaban con cerrar la salida al sur del reino de León y la pretensión de los reyes de Castilla de anexionarse el reino provocó constantes conflictos bélicos entre los reinos de León, Portugal y Castilla. Estas guerras tenían como aliados ocasionales a los reinos de taifas, que participaban alternativamente del lado de cualquiera de los reinos cristianos. Consecuencia directa de ello será que el reino de León no participe en la batalla de Las Navas de Tolosa, llegando por ello a ser excomulgado el soberano leonés por el papa. A su muerte, el rey ordena mantener la independencia de León, declarando herederas a sus hijas, y garantes de la misma a las órdenes de caballería. Sin embargo, Fernando III de Castilla, contraviniendo el testamento de su padre, logra que las jóvenes herederas del reino de León le cedan su trono, por lo que el reino de León pasa a ser anexionado por Castilla para formar la Corona de Castilla en 1230. Como dato adicional, Alfonso IX también creó el Estudio General que en tiempos de Alfonso X de Castilla se convertiría en la actual Universidad de Salamanca.

Mapa de 1841, realizado por J. Archer,
que muestra para España la división territorial de
 Floridablanca.Valladolid y Palencia dentro de la Región de León.
El desarrollo de las ciudades: los burgos

Las ciudades comienzan a desarrollarse cerca de fortalezas, monasterios o en las antiguas civitates romanas. Algunas de estas ciudades son potenciadas por el camino de Santiago y comienzan a conocerse como burgos, diferenciándose de las aldeas rurales en la preponderancia de la actividad económica no ligada al cultivo de la tierra.

En la ruta del camino de Santiago surgen burgos desde Aragón hasta Galicia a partir del siglo XI. León también se beneficia del paso hacia el lugar santo. Pero otros burgos también se desarrollan al margen del camino francés, en las orilla del Duero, como Zamora o Valladolid, esta última alcanza un gran desarrollo tras la llegada del conde Pedro Ansúrez a finales del siglo XI.

Sobre León, el geógrafo y viajero árabe Al-Idrisi escribe en el siglo XII:

«Allí se practica un comercio muy provechoso. Sus habitantes son ahorradores y prudentes,» [y sobre Zamora], «Está situada sobre la orilla septentrional del Duero y rodeada de fuertes murallas de piedra, su territorio es fértil y cubierto de viñedos, sus habitantes poseen riquezas y se dedican al comercio».
Al sur del río Duero, en las entonces conocidas tierras Extremaduras, el nacimiento de ciudades era con un objetivo defensivo, pero con el paso del tiempo se comenzó también a desarrollar una actividad económica y comercial de importancia similar a las ciudades del norte del Duero.

Aparecen los burgueses, que son los habitantes de los burgos (no confundir con la acepción actual del término burgués), que se añaden a clérigos y nobles. Los burgueses se dedicaban principalmente al comercio y la producción de objetos manufacturados y su crecimiento se encontraba limitado en lo económico y social por la nobleza (principalmente dedicada a la tierra), por esta razón en el siglo XII hay revueltas burguesas contra las autoridades señoriales. De estas revueltas, los habitantes de los burgos consiguen ciertas reivindicaciones.

También merece acepción la llegada de comunidades judaicas durante los siglos XI y XII por la intransigencia almorávide en al-Ándalus, quienes comienzan como artesanos, mercaderes y agricultores principalmente.

Siglo XII: eslabón entre la Cristiandad y el Islam

En el siglo XII Europa contemplará un gran avance en el terreno intelectual gracias a León y a Castilla. A través del Islam, se recuperarán obras clásicas anteriormente olvidadas en Europa y se pondrá en contacto con la sabiduría de los científicos musulmanes.

Alfonso VI, Imperator totius Hispaniae, conquistando Toledo.
También promovió la repoblación al sur del Duero
a través de las Comunidades de villa y tierra.
El Camino de Santiago no hará sino potenciar el intercambio de saber entre los reinos de Castilla, León y Europa, en ambos sentidos.

En el siglo XII también aparecerán múltiples órdenes religiosas a semejanza de las europeas, como las de Calatrava, Alcántara y Santiago y se fundan multitud de abadías cistercienses.

Siglos XIII-XIV: León integrada en la Corona de Castilla


La muerte de Fernando I de León, que rigió el imperio en nombre de su esposa Doña Sancha, hermana de Bermudo III, da nacimiento al reino de Castilla al cedérselo como tal a su primogénito Sancho. Tras la muerte del monarca en 1065 los reinos se dividen entre sus hijos. En una guerra civil contra sus hermanos Alfonso y García, este reúne dinásticamente por primera vez los reinos de León y de Castilla. Una segunda unión se producirá desde el 1072 con Alfonso VI hasta el 1157 a la muerte de Alfonso VII. Hacia el año 1230 con Fernando III el Santo, rey de Castilla desde 1217, los reinos de León y de Castilla quedan bajo un mismo soberano leonés que por circunstancias diversas ha sido primero Rey en Castilla.

En 1230 muere Alfonso IX de León, que había hecho donación de sus reinos a sus hijas,​y tras muchas gestiones Fernando III firma un acuerdo (Concordia de Benavente) por el que sus hermanas (Sancha y Dulce) renuncian a los derechos sucesorios​ al reino de León, tardando más de dos años en hacerse con el control del territorio debido a la oposición del pueblo de León y de sus nobles,​ que cierra las puertas de las murallas de su capital al nuevo monarca. Los reyes de la Corona de Castilla (Juana I) poseían los títulos de rey de Castilla y rey de León.

Aunque los dos reinos compartiesen el mismo soberano, las Cortes de León continuaron durante mucho tiempo; incluso se legislaba por separado a cada uno de los dos reinos aunque hubiese una reunión conjunta. En 1349 Alfonso XI celebró en la ciudad de León las Cortes de este reino.

Durante mucho los reinos singulares y las ciudades conservaron sus derechos particulares (entre los cuales se hallaban el Fuero de León, el Fuero Viejo de Castilla o los diferentes fueros municipales de Castilla, Extremadura y Andalucía, los concejos de León, el fuero de Oteruelo otorgado en 1417), mientras se iba articulando un derecho territorial común en torno a las Partidas (h. 1265), el Ordenamiento de Alcalá (1348) que todavía mantiene al Pisuerga como raya tradicional entre León y Castilla, y las Leyes de Toro (1505).

La situación de inestabilidad creada tras la muerte en 1295 de Sancho IV y la subida al trono de su hijo Fernando IV, de nueve años de edad, sería aprovechada por distintos nobles para rebelarse contra el joven monarca. Entre ellos se encontraba el infante Juan, tío de Fernando, que reclamó sus derechos al trono y se proclamó rey de León, Galicia y Sevilla. Aunque llegó a ser coronado como tal en León en 1296, finalmente la situación interna comenzó a estabilizarse y acabó renunciando a sus derechos y jurando fidelidad a Fernando IV en 1300.

Existieron durante todo el siglo XIV varios intentos de independizar el reino de León, lográndolo de facto, aunque por un escaso tiempo, Juan de Gante a mediados del siglo XIV. Este es derrotado por Juan I y se vuelven a reunir los dos reinos en una misma corona.

Siglos XV-XVIII: El Reino de León en la Edad Moderna

Adelantamientos de León, Burgos y Campos, SXVI.
El reino de León mantiene sus estructuras durante la Edad Moderna, conservando sus características de organización territorial, lo que se reflejará en la cartografía de los siglos XVI, XVII y XVIII e instituciones propias, como el Adelantamiento o Merino Mayor del reino de León, el Defensor del reino de León, etc.

Siglo XIX: desaparición formal del reino

La última aparición incidental del reino de León en la historia se produce entre el 1 de junio y el 25 de septiembre de 1808, cuando la Junta Patriótica de León asume la soberanía del reino de León en la Guerra de la Independencia hasta que la cede a la Junta Suprema Central en el acto de su constitución.

En 1833 se produce la definitiva (y actualmente vigente) división provincial promovida por Javier de Burgos, que elimina definitivamente anteriores divisiones territoriales. Con la creación de las provincias se incluye una adscripción de dichas provincias a regiones, sin ningún tipo de competencia administrativa o de otro tipo. Una de dichas regiones es la de León.

Título imperial


Este título fue adoptado desde el siglo X por los monarcas leoneses, como expresión de una idea hispánica unitaria, que implicaba la supremacía política de León frente a los demás reinos peninsulares que se estaban formando. Los reyes leoneses aspiraron a restaurar el estado hispanogodo, creyéndose herederos directos del último monarca visigodo, Don Rodrigo. Ya en la Asturias del siglo IX tuvo aceptación la idea imperial, especialmente bajo el reinado de Alfonso III, llamado magnus imperator o imperator noster.

Ordoño II (imperator legionense), Ramiro II (magnus basileus), Ramiro III, Alfonso V, Bermudo III y quizá Sancho III el Mayor de Navarra tras heredar León y Castilla (aunque este título solo se documenta en una moneda de ejemplar único, hoy comúnmente atribuida al reinado de Alfonso VII de León),​ adoptaron el título de emperador.

Fernando I fue llamado rex imperator, y Alfonso VI de León llegó a titularse Imperator totius Hispaniae. En 1135, Alfonso VII fue coronado solemnemente emperador en León. Entre sus vasallos se contaban los reyes de Aragón, Navarra y Portugal, el conde de Barcelona y varios monarcas musulmanes, quienes a la muerte del Emperador, rechazaron la teórica supremacía política del título.

Gobierno: Cortes y concejos

Como todo reino medieval, el poder supremo por la gracia de Dios recaía en el rey. Pero comienzan a surgir comunidades rurales y urbanas para tomar decisiones sobre problemas de la vida cotidiana.

Pendones de León en la escalinata del Palacio de las Cortes,
el 20 de marzo de 2019, celebrando las Cortes de León de 1188.
Así comienzan los concejos, o concilium, como una manera de autogobierno de núcleos de población en las que todos los vecinos tenían representación como atestigua el Concejo de Berbeja, San Zadornil y Barrio (955):

Nosotros todos, que somos del consejo de Berbeja, Barrio y San Zadornil, varones y mujeres, jóvenes y viejos, máximos y mínimos, villanos e infanzones [...]
Estos concejos abiertos evolucionarán a concejos cerrados, en los que una parte de los vecinos representará al resto. Asimismo conseguirán un mayor poder como la elección de magistrados y oficiales, los alcaldes, pregoneros, escribanos,... 

Ante el creciente poder de los Concejos, surge la necesidad de la comunicación entre el rey y éstos, y he aquí el nacimiento de las Cortes en el año 1188 en León. En las Cortes leonesas medievales, los habitantes de las ciudades eran un grupo reducido, conocidos como laboratores y no tenían facultades legislativas, pero era un punto de unión entre el rey y el reino, algo en lo que el reino de León había sido pionero en la Europa medieval. Las cortes estarían así constituidas por tres estamentos (clero, nobleza, representantes de las ciudades) y aparecen como un diálogo entre el rey y la curia, por un lado, y los representantes de las ciudades y villas por otro.

La UNESCO declaró en 2013 este sistema de Cortes cuna del sistema parlamentario europeo.


J. M. S.