Traiciones y dictadura del auténtico Simón Bolívar

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Traiciones y dictadura del auténtico Simón Bolívar: el millonario «español» que se hizo revolucionario

Sobrepasado por las circunstancias, Bolívar asumió en un pronunciamiento en Bogotá plenos poderes dictatoriales, lo que condujo a la rebelión colombiana contra su dictadura pretoriana hacia 1830

La historia recuerda a Simón Bolívar como el gran libertador de Sudamérica y el hombre que soñó con una confederación democrática de estados libres al estilo de EE.UU. Se cuidan los que han levantado esta pulida y mitificada versión de Bolívar, hoy reverenciado por cierta izquierda americana, en omitir el giro despótico que invadió al criollo en varios periodos de su vida. Aparte de su mala opinión de los indígenas, «seres incapaces de una concepción política»; o de su hostilidad hacia Perú, que veía como una amenaza a su Gran Colombia .

Nacido en el seno de una familia de ascendencia española de Caracas, Bolívar ingresó muy joven en el Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua , donde su padre ejercía sus funciones de oficial y tenía un gran hacienda. 

En 1799, realizó un viaje a Europa para perfeccionar su formación militar, si bien fue entonces cuando germinó en su interior las ideas independentistas contra la «Madre Patria». 

Ya en la rebelión iniciada por Francisco de Miranda , en plena Guerra de Independencia española , cobró Bolívar un importante protagonismo como el hombre que convenció al exiliado en Londres de regresar a América.

Caído el prestigio de Miranda, el criollo le traicionó en última instancia para salir con vida de este primer intento de independencia. Bolívar hizo prisionero a Miranda y lo entregó al Ejército español a cambio de un salvoconducto para regresar a Caracas, si bien finalmente se dirigió a Cartagena de Indias con la intención de encender una nueva rebelión.

Una guerra civil entre españoles

Lo que vino a llamarse la «Campaña Admirable» dio luz a la Segunda República , un régimen totalmente personalista del criollo, que trasladó la guerra a un nuevo nivel de violencia y confrontación social. 

Lejos del relato clásico de la lucha de los americanos por conseguir su independencia respecto a los españoles, las sucesivas guerras de emancipación que se vivieron en los territorios del Imperio español fueron, en esencia, una guerra civil entre españoles, esto es, españoles de América contra españoles de Europa.

Los procesos corrieron a cargo de criollos dueños de grandes plantaciones e intelectuales enriquecidos, que recibieron el apoyo indirecto de EE.UU. e Inglaterra , empezando con el comercio de armas y barcos de guerra a los insurgentes. 

Sin ir más lejos, la familia de Bolívar era dueña de extensas plantaciones de cacao, con indios de encomienda y esclavos negros. La población mestiza e indígena combatió de forma indiferente en ambos bandos y no mejoró, sino todo lo contrario, su situación una vez se marcharon los europeos.

Tras sucesivas derrotas a manos del Ejército español, la Segunda República de Bolívar se deshilachó a la misma velocidad que se había creado. 

Cuando en 1814 Fernando VII regresó al poder, pudo organizar una expedición de 10.500 soldados desde España y restablecer el poder real en todos los territorios. 

Poco después, Bolívar renunció a su mando y, en mayo de 1815, se exilió a Jamaica , en manos británicas. Un periodo de reflexión en el que el criollo español abandonó su proyecto de independencia regional y se abonó a uno continental. 

Revestido de democracia a toda costa, Bolívar postulaba un sistema político propio de los caudillos latinos, con un presidente vitalicio y una cámara de senadores hereditarios integrada por los generales de la independencia…

Bolívar llegó al Perú no tanto por dar la libertad a los peruanos, «sino principalmente por el interés geopolítico de destruir de raíz lo que consideraba como una amenaza para la Gran Colombia»
En 1819, logró la independencia de Nueva Granada y el nacimiento de la Gran Colombia , de la cual se convirtió en dirigente. Sin tiempo que perder, impulsó una ley de expulsión de los españoles el 18 de septiembre de 1821 por la que todos los ciudadanos con origen peninsular que no demostrasen haber formado parte del movimiento independiente serían sacados a la fuerza del país.

Puesta su mirada en el sur, el todopoderoso Virreinato del Perú , trató de forjar una alianza con José de San Martín . Durante una reunión entre ambos en Guayaquil , Bolívar concluyó decepcionado que el libertador del Perú «no creía en la democracia, estando convencido de que aquellos países no podían ser regidos más que por Gobiernos vigorosos, que impusieran el cumplimiento de la Ley, ya que cuando los hombres no la obedecen voluntariamente, no queda más arbitrio que la fuerza». 

Cuando San Martín le ofreció el liderazgo de la campaña libertadora en el Perú, Bolívar le dio a entender que solo lo aceptaría si él se retiraba del Perú. ¡O Bolívar o nada!

Así lo hizo San Martín, que puso rumbo a Europa, si bien el verdadero problema de Bolívar con Perú era la amenaza que suponía como país para su amado proyecto de la Gran Colombia. 

En opinión del historiador Hugo Pereyra Plasencia , Bolívar llegó al Perú no tanto por dar la libertad a los peruanos, «sino principalmente por el interés geopolítico de destruir de raíz lo que consideraba como una amenaza para la Gran Colombia.

Por eso se crea Bolivia, para cortarle las patas al “monstruo” peruano». Lo poco que le importaba la libertad local se demostró cuando, en 1825, Bolívar dispuso la anulación de la emancipación de los esclavos que había decretado San Martín y poco después implantó de nuevo el tributo del indígena, que también había sido eliminado por San Martín el 27 de agosto de 1821.

Ese mismo año, el Congreso Constituyente convocado por él en Perú ordenó levantar una estatua ecuestre de Bolívar en la plaza del Congreso, donde está actualmente, y el pago de una recompensa de 1.000.000 de pesos , cantidad que representaba, más o menos, la tercera parte del presupuesto anual del Perú de la época, como una «pequeña demostración de reconocimiento» hacia su figura.

Años de dictadura

Bolívar soñaba con replicar los EE.UU. en un territorio fragmentado, de caracter provincial y diverso, que en algunas zonas veía con poco o nada entusiasmo el proyecto confederado, como en el caso de Perú. 

En los años posteriores el «libertador», que empezó a acaparar poder y actuar de forma despótica, fracasó en su intento de imponer su visión de la democracia a todo el continente.

En 1826, el levantamiento de José Antonio Páez contra el orden impuesto en Venezuela por Bolívar, unido al rechazo de la unión con Colombia, comprometieron gravemente el proyecto de la Gran Colombia . 

Tampoco salieron las cosas como él había previsto en la Asamblea de Panamá (1826), donde intentó conseguir la unión continental a través de una confederación, quedando reducida la participación a Colombia , México, Perú, Chile y las Provincias Unidas de Centroamérica y los compromisos a solo buenas palabras.

Además, concluida la guerra contra el Imperio español , la aristocracia limeña consiguió la anulación de la Constitución bolivariana que se les había impuesto con el argumento de Bolívar de que, aunque no fueran legales los métodos para aprobarla, era «popular y por lo tanto propio de una república eminentemente democrática». Ni entonces, ni hoy, Perú guarda buen recuerdo del Libertador.

Sobrepasado por las circunstancias, Bolívar asumió en 1828 en un pronunciamiento en Bogotá plenos poderes dictatoriales, lo que condujo a la rebelión colombiana contra su dictadura pretoriana. Entre las medidas impopulares que impuso, estuvo una serie de privilegios a la alta jerarquía del Ejército y la restitución del impuesto de la alcabala, un impuesto español que se había llevado a América tras la conquista y del cual muchos criollos se habían quejado a lo largo de los tiempos.

La invasión del ejército peruano al frente de La Mar , la insubordinación del general de su mayor confianza, José María Córdoba , y un intento de asesinato el 25 de septiembre de 1828 le señalaron la puerta de salida. Bolívar, gravemente enfermo y en proceso depresivo, presentó su dimisión en 1830 ante el Congreso colombiano y vivió sus últimos días torturado por las noticias que llegaban de más y más fragmentaciones de las repúblicas americanas. Falleció poco después en la casa del hidalgo español Joaquín de Mier , en San Pedro Alejandrino .

Cortes de León de 1188

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Cortes de León de 1188

Las Cortes de León de 1188 se celebraron durante la primavera de ese año, al principio del reinado de Alfonso IX de León, en el claustro de la Basílica de San Isidoro de León, y así se lo comunica el monarca al arzobispo de Compostela. En 2013 la Unesco las reconoció en el Programa Memoria del Mundo como «el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo». 

Historia

Solo se puede entender el acontecimiento siguiendo los importantes hechos que tuvieron lugar en esa época. Lo primero fue la coronación de Alfonso VII de León, lo cual ocurrió en 1135 y tuvo una multitudinaria acogida, ya que dicha coronación tuvo una presencia del pueblo llano como nunca antes. Anteriormente la Curia Regia de 1017, convocada por Alfonso V de León en la ciudad del mismo nombre legisló civilmente el Fuero de León con preceptos que inician la inviolabilidad del domicilio, la libertad de comercio y primeros derechos de la mujer entre otros; y la creación del Concejo de la Ciudad de León, que legislaba todos los años sobre los pesos y medidas del Mercado, entre otros asuntos. 
 
Pese a lo que se cree, el Althing islandés del 930, tomado a veces como ejemplo anterior relativo a asambleas legislativas, era una reunión exclusiva de magnates y no produjo textos legislativos hasta el siglo XIII; y además era similar al Palatinado del siglo VIII del reino de los Astures e inferior a las Curias Regias que se celebraban desde el año 830 en la Corte de Oviedo, en la que estaban representados nobles y eclesiásticos por lo que eran asambleas políticamente más avanzadas las hispánicas. El Althing sería similar, además de al Palatinado astur, a los Concejos Visigóticos del siglo VI, también anteriores, compuestos solo por un brazo social de poderosos; en este caso eclesiástico para legislar asuntos como el Fuero Juzgo. 

Tras el freno en la Reconquista, la corona leonesa necesita ingresos, por lo que crea nuevos impuestos que provocan una alza de precios. A la vez, las guerras con Portugal y con Castilla requieren más ingresos. La clase ciudadana exige como contrapartida el poder regular el gasto de la corona. 
 
En el año 1188, recién llegado al trono Alfonso IX de León, se convoca a la Curia Regia del Reino de León, a la que por primera vez se le suman los representantes electos de las principales ciudades con voz y voto. Esta medida ha sido considerada el primer ejemplo del parlamentarismo moderno en la historia de la Europa occidental.

Desarrollo

Las Cortes se constituyeron con dos estamentos:

✪ Privilegiados: el clero y la nobleza.

✪ No privilegiados: los representantes de las ciudades.

Los privilegiados aparecen como un diálogo entre el rey y la curia, por un lado, y los representantes de las ciudades y villas por otro, sin oposición a que cada estamento se consolide por separado. La incorporación de elementos populares o ciudadanos responde solo a necesidades económicas. 
 
En ellas se reconoce la inviolabilidad del domicilio, del correo, la necesidad del rey de convocar Cortes para hacer la guerra o declarar la paz, y se garantizan numerosos derechos individuales y colectivos.  

En estas Cortes, además de ampliar los Fueros de Alfonso V de León del año 1017, se promulgaron nuevas leyes destinadas a proteger a los ciudadanos y a sus bienes contra los abusos y arbitrariedades del poder de los nobles, del clero y del propio Rey. 
 
Este importante conjunto de decretos ha sido calificado con el nombre de «Carta Magna Leonesa».
 
La legislación alfonsina no introduce novedades importantes. Pretende únicamente profundizar en el pacto feudal sobre el que se construye la legitimidad monárquica. 
 
Los análisis referidos a los Decreta (decretos) atribuidos a 1188 reúnen la confirmación de decretos de carácter general como, por ejemplo, el no atentar contra la propiedad ajena, resolver las querellas ante la justicia o la promesa del rey de no entrar en guerra sin contar con todos los que le deben dar su consejo. Estos decretos, son cosas normales en los inicios del nuevo reinado de Alfonso VII de León. Sin embargo, se crearon «nuevos Decretos», entre los que se contaba la redacción de una Constitución fechada en julio de 1188, que trataba de la existencia de violencia y del intento por paliarla usando la Justicia.

Este tema será desarrollado en unas «constituciones» para Galicia, en 1194, y a partir de este texto podemos explicar lo contenido en el texto atribuido a las Cortes de 1188; es decir, que este, tal y como se conoce en muchos de sus pasajes, se debe a la elaboración desarrollada a lo largo del reinado de Alfonso IX de León.

Legado

En 2011 la Junta de Castilla y León concedió a la ciudad de León el título de «Cuna del Parlamentarismo».​ En 2013 la Unesco incluyó los documentos relativos a los Decreta en el registro Memoria del Mundo tras remitirlos para su aprobación en 2012.​ El 4 de mayo de 2016, el pleno de las Cortes de Castilla y León se reunió en la Basílica de San Isidoro.​ El 20 de marzo de 2019, las Cortes Generales reconocieron a las Cortes de León de 1188 como Cuna del Parlamentarismo a través de un acto en el que se leyeron los Decreta y se llevó a cabo un desfile de pendones por la Carrera de San Jerónimo.

Europeos que fueron esclavos en África

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La historia olvidada de los europeos que fueron esclavos en África

Entre los siglos XVI y XIX cientos de miles de hombres, mujeres y niños fueron secuestrados, trasladados en barcos a tierras desconocidas y vendidos como esclavos. 
 
No estamos hablando del comercio de esclavos transatlántico, en el que varios millones de personas mayoritariamente del centro y oeste de África fueron vendidas a europeos occidentales para ser llevados a América, sino de europeos occidentales capturados por los corsarios otomanos para venderlos en el norte de África. 
 
En incursiones esclavistas musulmanas, conocidas como razzias, los piratas berberiscos capturaban cristianos en ciudades y pueblos costeros europeos, principalmente en Italia, Francia, España y Portugal, pero también en las Islas Británicas, los Países Bajos, y tan lejos como Islandia.  


Los cautivos, invariablemente con pocas posibilidades de volver a ver sus hogares, soportaban condiciones miserables, condenados a una vida de trabajos forzados y torturas. 
 

Del remo a la vela y al norte 

Usando galeras de remo, los corsarios otomanos saquearon metódicamente el Mediterráneo a lo largo del siglo XVI.
 
El negocio de los berberiscos, que también tomaban barcos, mercancías y cautivos europeos en el mar, era mucho más grande de lo que muchos imaginan.  

Se estima que, a lo largo de tres siglos, los corsarios que operaban en los puertos de la costa de Berbería (en el norte de África) capturaron y esclavizaron a más de un millón de europeos.
 
Es difícil evaluar el costo de los bienes que robaron y destruyeron, pero fue enorme. 

Y cuando, en las primeras décadas del siglo XVII, con la ayuda de renegados holandeses y británicos aprendieron a navegar barcos de vela cuadrada, concentraron sus ataques en las poblaciones del norte de Europa.
 
Para aquellos que tenían la mala suerte de ser capturados, la perspectiva era sombría. 

"Sufrenla más miserable esclavitud" y son "sometidos a trabajos extremos y difíciles a diario, con un pequeño suministro de pan y agua para su comida (...), pero lo peor es el trato extremadamente duro y salvaje", relata un documento presentado al parlamento británico sobre los cautivos en Argel.

¿Cómo los vendían?

Muchos eran vendidos como esclavos en la ciudad de Argel.
 
El mercado de esclavos al aire libre quedaba en el Al-Souk al-Kabir o la Gran Calle de los Souks, una amplia vía bordeada de mercados (zocos) que atravesaba transversalmente la ciudad. 

Primero, los nuevos cautivos eran obligados a desfilar a lo largo del Al-Souk al-Kabir mientras los vendedores gritaban para atraer compradores.
 
Una vez en el mercado de esclavos, los cautivos eran desnudados y examinados. 

Los hombres tenían que saltar, para mostrar su condición física, y eran golpeados con palos si no cumplían con prontitud.

Los compradores examinaban los dientes de los cautivos masculinos para ver si eran aptos para el trabajo como remeros en las galeras, la cual era considerada como la peor de todas las condenas en vida. 

Los compradores también examinaban sus manos para ver si tenían callosidad. Las manos suaves indicaban una vida de facilidad y riqueza, y por lo tanto, potenciales beneficios en forma de un gran rescate. 
 

El alto costo de la libertad

Los montos de los rescates superaban de los medios de la mayoría de los cautivos. 

Para darnos una idea, £80-£300 era el rescate típicamente solicitado por los corsarios para los cautivos individuales.

El más bajo representaba el salario de 8 años de un trabajador agrícola británico y 4 años del de un artesano de Londres calificado en el siglo XVII. 

¿Cómo era la vida de los esclavos?

Lo mejor que podían esperar era que los compraran para ser empleados domésticos, pero eran pocos los afortunados.  

Las mayoría de las mujeres jóvenes eran compradas para harenes y desaparecían para siempre. 
 
La suerte de los hombres frecuentemente era una existencia limitada al trabajo duro y el maltrato.  

Una vez vendidos, los esclavos quedaban atrapados en una vida cotidiana funesta.

Si no se les asignaba la brutal tarea de las galeras, los hombres eran empleados en trabajos forzados: extraer piedra y transportarla, trabajar en cadenas en sitios de construcción, girar las muelas en molinos de grano como animales de tiro o limpiar fosas sépticas. 

Muchos eran esposados y obligados a arrastrar cadenas pesadas. Por la noche, los encerraban en los bagnios (corrales de esclavos), donde dormían en el frío suelo de piedra.
 

¿Eran torturados? 

Si "transgredían", podían ser castigados con el método de tortura conocido como la falanga, en el que las plantas de sus pies eran golpeadas sin piedad. 
 
En su memoria autobiográfica "Eleni", el periodista investigativo y autor Nicholas Gage, describe el tremendo y ampliamente utilizado castigo: 
 
"Cada golpe de la vara no sólo se siente en la planta de los pies, dolorosamente doblados hacia arriba cuando el palo aplasta los delicados nervios situados entre el talón y las eminencias metatarsianas de los pies; el dolor sube vertiginosamente por los músculos extendidos de la pierna y estalla en la parte de atrás del cráneo. Todo el cuerpo sufre atrozmente y la víctima se retuerce como un gusano". 

En su libro "Tortura", Edward Peters, profesor emérito de Historia de la Universidad de Pensilvania, añade que de esa forma, "la víctima siente inmediatamente dolor e hinchazón, y esta última se extiende hacia arriba, hasta más allá del tobillo. Se reduce el funcionamiento de los tobillos, los pies y los dedos de los pies".  

¿Podían prosperar los esclavos en su nuevo entorno?

Unos pocos.
 
Argel era una ciudad cosmopolita donde los esclavos podían avanzar valiéndose de su inteligencia, su habilidad o su perseverancia, algo que era casi imposible en las sociedades europeas estratificadas.

Sin embargo, aunque algunos fueron rescatados y otros escaparon, la mayoría no encontró salida y terminó sus vidas en un cautiverio miserable. 
 

Los más desafortunados 

Emanuel d'Aranda, un soldado flamenco que fue esclavizado en Argel en 1640-42, no solo pinta un retrato de hombres abandonados, indigentes y no valorados, sino también uno en el que los británicos eran los más desafortunados de los desafortunados.  

"El invierno que estuve en las jaulas de esclavos, observé que habían muerto por encima de 20 de ellos (británicos) por pura necesidad. Tampoco son tan apreciados por los turcos".

Y el número de cautivos de las islas británicas aumentó considerablemente, llegando a ser un estimado de 25.000, en una época en la que la población de las islas británicas era de unos 6.500.000.

Algunos fueron rescatados, algunos escaparon, otros murieron por exceso de trabajo, malnutrición, enfermedad o desesperación. 

Pero por cada cautivo que pereció o ganó su libertad, muchos más fueron capturados.

¿Por qué les iba peor a los británicos?

Parte de la explicación radica en el hecho de que, al comienzo de la crisis, Londres no logró dar una respuesta efectiva. 

Los cautivos de las naciones católicas mediterráneas contaban con la ayuda de sus gobiernos, que tenían una amplia experiencia en el trato con Berbería.

Además, eran asistidos por órdenes religiosas de redención, como los trinitarios y los mercedarios, fundados en la Edad Media con el objetivo específico de rescatarlos.  

Londres no tenía procesos institucionales establecidos para tratar el problema eficazmente.
 
Con Inglaterra en un estado de agitación casi constante -cortesía de la plaga, la Guerra Civil y los conflictos con Portugal, España, Francia y la República Holandesa-, la Armada Real tenía muy pocos barcos y fondos para afrontar adecuadamente la escala de la amenaza.
 
Además, la posición del gobierno inicialmente fue negarse a pagar por liberaciones, pues alentaría más secuestros. 

Fue sólo cuando los comerciantes -preocupados por la pérdida de sus marineros y sus ganancias- recurrieron a la navegación con otras naciones, que el gobierno empezó realmente a tomar cartas en el asunto. 
 

Política y fuerza 

La resolución de Carlos I fue una combinación de voluntad política y fuerza bruta.
 
Tomó medidas contra la corrupción burocrática, envió expediciones oficiales para liberar a los cautivos en masa y empezó a negociar tratados con los diversos Estados de Berbería. 

Las medidas solo podrían tener un impacto en el terreno respaldadas por el poder militar.
 
Afortunadamente durante la segunda mitad del siglo XVII, la Armada Real se transformó en una formidable arma de guerra: creció en tamaño, se volvió más profesional y contó tecnología marítima de vanguardia.  

Al principio, los ataques no tuvieron mucho éxito.
 
Pero en 1713, después de la Guerra de Sucesión española, Reino Unido tomó posesión de Gibraltar y el puerto de Mahón en Menorca, desde donde pudo atacar y proporcionar una poderosa protección para el transporte mercante británico. 

Los diversos Estados de Berbería se vieron obligados a firmar tratados de no agresión, exigibles gracias a una fuerte presencia naval británica.
 
Los corsarios de Berbería no fueron eliminados por completo hasta el siglo XIX.
 

* Este artículo es una adaptación de "When Britons were slaves in Africa", escrito por Adam Nichols, de la Universidad de Maryland, EE.UU. para la revista BBC History. 
 



Los rituales funerarios en la antigua Grecia

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Los rituales funerarios en la antigua Grecia 

 
En la Antigua Grecia se rendía culto al difunto en busca de no perder su memoria; de esta forma las familias se enlazaban con sus antepasados. Pero, ¿qué ritual funerario siguieron los griegos? 

En el mundo griego la muerte era algo desconocido, significando el principio del viaje que llevaría a la psyché del difunto hasta el Hades, a través del pago al barquero Caronte quien lo trasladaría. 

En cuanto al ritual funerario, estaba compuesto por un complejo y variado proceso que contaba de varias partes, hecho conocido a través de las fuentes escritas y de las representaciones de las cerámicas, aunque estas fueron transformándose a lo largo del tiempo.

El barquero Caronte

Tras el fallecimiento de una persona se procedía a la preparación de su cuerpo, la conocida como próthesis. El cadáver era lavado y purificado con ungüentos, los ojos se cerraban y se sujetaba la barbilla. Tras esta labor realizada solo por las mujeres, el difunto era colocado en una habitación de la casa cobre un lecho (klyné), para que los familiares y amigos que lo desearan pudieran presentar sus respetos. El cuerpo se exponía uno o dos días, mientras que en otras culturas, como la romana, el cuerpo se exponía hasta un total de siete días.

 

Tras la exposición del cuerpo, se llevaba a cabo la ekphorá, donde el difunto era trasladado a su lugar de descanso, en andas o sobre carruaje, dependiendo el poder económico de la familia. El traslado se solía realizar de noche, precediendo los hombres a las mujeres. Para las élites aristocráticas, el enterramiento representaba una favorable ocasión para hacer uso de la ostentación del rango y riqueza de la familia. A partir del siglo V a.C. comenzó la costumbre de incluir una moneda en la boca del difunto para pagar al barquero Caronte.

Se han encontrado restos que nos indican que desde finales del siglo VIII a.C. en los rituales funerarios se incluían sacrificios de pequeños animales, quema de objetos rituales, y alimentos y libaciones de bebidas. 

Unos tres días después del entierro, se celebraba un banquete ritual en la casa de la familia del difunto, lo que suponía un refuerzo del vínculo comunitario. Semanas después se volvía a celebrar un banquete donde las sobras eran recogidas, depositándose una parte de las mismas en la tumba del difunto.

La tumba era marcada con una estela, siendo visitada con relativa frecuencia para depositar flores y cintas textiles, mechones de cabellos, vasos que eran empleados en las libaciones (choai) de bebidas y rotos sobre la tumba y sacrificios de animales (pelaje negro). También se realizaban rituales de carácter extraordinario como competiciones deportivas. 

En cuanto a las ofrendas que podemos encontrar en los rituales funerarios encontramos cuatro grupos: pertenecientes al vestuario y tocado del difunto; los que constituyen el equipamiento del difunto; objetos utilizados en la ceremonia de sepultura y después depositados en la tumba; y objetos depositados cerca o en la tumba durante las ceremonias. Estos objetos se depositan en la tumba para que acompañaran al difunto en su viaje hacia el Hades.

Otro objeto que suele aparecer en santuarios, en espacios domésticoso en tumbas son las conocidas como “tanagras”, que son figuras femeninas de terracotas hechas a molde y con un simbolismo. Los ungüentos de vidrio y cerámica, así como algunas lucernas, también se han encontrado en algunas tumbas griegas.

En cuanto a las cremaciones, se realizaban tanto en la propia zona donde se iba a enterrar al difunto o, por el contrario, se recogían las cenizas en un recipiente y se depositaban en otro lugar. Por otro lado, los niños menores de 40 días tenían un trato distinto pues eran enterrados en las propias casas. 

Pero debemos de entender que el ritual funerario no acababa tras el enterramiento del fallecido, pues se llevaban a cabo distintas ceremonias alrededor de las tumbas a lo largo del año.

Autor: José Luis Azorín Navarro

Mundo Blog 3.0

Funeral vikingo

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Funeral vikingo

Gracias a la arqueología, las sagas y a la poesía en nórdico antiguo y al relato de Ahmad ibn Fadlan se sabe que los vikingos solían enterrar a sus muertos en barcos funerarios. Los rituales que tuvieron lugar en tierra han permitido a los arqueólogos estudiar las diversas tradiciones escandinavas de la época de losun barco o en un barco de piedra, y se les solía dejar ofrendas según el estatus y la profesión del difunto, entre las que podía incluirse el sacrificio de esclavos. En Escandinavia se conservan muchos túmulos en honor de reyes y jefes vikingos, además de piedras rúnicas y otros monumentos funerarios. Algunos de los más célebres se encuentran en el cementerio de túmulos de Borre, en Noruega, y en Lindholm Høje y Jelling en Dinamarca. 

Ofrendas

Era común dejar regalos junto al cadáver. Incluso si el cuerpo era quemado en una pira, el difunto recibía presentes, cuya cantidad y valor no dependían del sexo sino únicamente de su posición social. Era importante realizar el ritual correctamente para que el difunto conservase en la otra vida el estatus vital que había poseído en la vida terrenal, y para evitar que se convirtiera en un alma errante condenada a vagar eternamente.

La tumba habitual para un esclavo era, probablemente, poco más que un agujero en la tierra. Se le enterraba probablemente de forma que no regresara para atormentar a sus amos y para que pudiera serles de utilidad cuando éstos hubieran muerto. Incluso en ocasiones se les sacrificaba para que cumplieran esa función en la otra vida. A los hombres libres se les enterraba con armas y equipo de monta. Los artesanos podían ser enterrados junto a todas sus herramientas. A las mujeres se las enterraba con sus joyas y a veces con instrumentos para uso doméstico o parte del ajuar. El enterramiento vikingo más suntuoso descubierto hasta el momento (2008) es el Barco de Oseberg, que era para una mujer (probablemente una reina o una sacerdotisa) que habría vivido en el siglo IX. 
 

Monumentos funerarios

Un funeral vikingo podía suponer un gasto considerable, pero la tumba y las ofrendas no se consideraban un desperdicio. Además de rendir homenaje a los muertos, la tumba constituía un monumento a la posición social de los descendientes. Algunos clanes nórdicos especialmente poderosos podían hacer alarde de su posición mediante cementerios monumentales. El cementerio vikingo de Borre en Vestfold por ejemplo, está ligado a la dinastía Yngling, y alojaba grandes túmulos que contenían barcos de piedra.

Jelling en Dinamarca es el memorial real más grande de la época vikinga. Fue realizado por Harald Blåtand en recuerdo de sus padres Gorm y Tyra, y en honor a sí mismo. Se trata de uno solo de los dos grandes túmulos que contenían una cámara mortuoria, pero ambas tumbas, la iglesia y las dos piedras de Jelling testifican lo importante que era marcar la muerte ritualmente durante la era pagana y los inicios de la era cristiana.

En tres lugares de Escandinavia hay grandes cementerios que fueron usados por toda la comunidad Birka en Mälaren, Hedeby en Schleswig y Lindholm Høje en Ålborg.​ En las tumbas de Lindholm Høje aparece una gran variedada de formas y tamaños. Hay barcos de piedra y una mezcla de tumbas triangulares, cuadradas y circulares. Estos cementerios han sido usados durante muchas generaciones y pertenecen al pueblo.
 

Rituales

La muerte siempre ha sido un momento de crisis para los afligidos, de ahí que esté rodeada de tabúes. La vida familiar tiene que ser reorganizada y, para superar esa situación, las personas recurren a rituales. Las ceremonias eran ritos de transición en los que se pretendía dar paz al difunto en la nueva vida y, al tiempo, consolar a los parientes afligidos para continuar con sus vidas.  

A pesar de las costumbres belicosas de los vikingos, había un elemento de respeto rodeando a la muerte y a lo que va asociado a ella. Si el muerto no era enterrado correctamente o no se le proveían de medios para la otra vida, era posible que no llegase a encontrar la paz en el más allá. La persona muerta podría visitar a sus parientes vivos como un draugr (fantasma) para atormentarlos. Era una visión horrorosa y ominosa, que se interpretaba como una señal de que más miembros de la familia morirían. Cuando las comunidades eran afectadas por desgracias, sobre todo en tiempos de hambruna, empezaban a aparecer historias de fantasmas. Las sagas mencionan drásticos remedios para librarse de estos fantasmas una vez que habían aparecido. El muerto tenía que volver a morir; se podía atravesar el cadáver con una estaca, o se le cortaba la cabeza para que el difunto no encontrara el camino de vuelta al mundo de los vivos. 
 

Relato de Ibn Fadlan

En el siglo X, un escritor árabe, Ahmad ibn Fadlan, realizó una descripción de un funeral de un jefe escandinavo, probablemente sueco, que viajaba en la ruta comercial del Volga. El relato es una fuente única acerca de las ceremonias que tenían lugar en los funerales vikingos de un jefe o un rey.

El jefe muerto fue colocado en una tumba temporal, la cual fue cubierta durante diez días hasta que fueron cosidas para el difunto ropas nuevas. Una de sus esclavas se ofreció voluntaria para irse con él a la otra vida, por lo que fue custodiada día y noche y se le dio gran cantidad de bebida para intoxicarla mientras cantaba alegremente. Cuando llegó la hora de la cremación, pusieron el barco del jefe en tierra, le depositaron en una plataforma de madera y le hicieron una cama en el barco. Mientras, una mujer anciana conocida como el «ángel de la muerte» puso cojines en la cama. Ella era la responsable del ritual.
 
Entonces desenterraron al jefe y le vistieron con las ropas nuevas. En su tumba depositaron bebidas alcohólicas, frutas y un instrumento de cuerda. El jefe fue puesto en la cama con todas sus armas y ofrendas situadas a su alrededor. Luego dejaron que dos caballos corrieran sudorosos, a los que a continuación hicieron pedazos para arrojarlos luego al barco. Finalmente, sacrificaron un gallo y una gallina. 

Entre tanto, la esclava iba de tienda en tienda manteniendo relaciones sexuales con los hombres. Cada uno de ellos le decía: «Dile a tu amo que esto lo hice por amor a él». Mientras, por la tarde, llevaban a la chica a algo que parecía el marco de una puerta, donde ella era levantada por las palmas de los hombres tres veces. Cada vez que era alzada, ella decía lo que veía: la primera vez vio a su padre y a su madre, la segunda a todos sus parientes, y la tercera a su amo en el más allá. Allí todo era verde y hermoso y junto a él, vio hombres y chicos jóvenes. Vio que su amo la llamaba por señas.
 
Después, la esclava fue llevada al barco. Se quitó los brazaletes y se los dio a la anciana. A continuación se quitó los anillos de los dedos y se los dio a las hijas de la anciana, que la habían custodiado. Después fue llevada a bordo del barco, pero no se le permitió acceder a la tienda donde el jefe yacía. La chica bebió varios vasos de bebidas alcohólicas, cantaba y se despedía de sus amigos. 

Entonces la chica fue llevada a la tienda y los hombres empezaron a golpear sus escudos para que sus gritos no se oyeran. Seis hombres la acompañaban y mantuvieron relaciones sexuales con ella, tras lo cual la pusieron en la cama del jefe. Dos hombres agarraron sus manos y otros dos sus muñecas. El ángel de la muerte puso una cuerda alrededor de su cuello y mientras dos hombres tiraban de la cuerda, la anciana la apuñaló entre las costillas con un cuchillo. Después, los parientes del jefe muerto llegaron con una antorcha encendida y quemaron el barco. Según las creencias, el fuego facilitaba el viaje al reino de la muerte.
 
Después, levantaron sobre las cenizas un túmulo redondo y, en el centro del montículo, izaron un poste de abedul donde grabaron con runas los nombres del jefe muerto y su rey. Tras ello se fueron en sus barcos.  

Otro explorador árabe, Ahmad ibn Rustah confirma la detallada descripción de Ibn Faldlan y el hecho de que al muerto se le haya asignado la compañía de una mujer:
 
«Cuando muere uno de la clase principal, lo llevan a un sepulcro semejante a una vivienda espaciosa, lo depositan dentro y ponen a su lado vestiduras, ajorcas de oro, una provisión de alimentos, vasijas con bebidas, monedas y, finalmente, a su esposa favorita, que allí encierran viva. Tapan luego la entrada y la mujer muere después en aquella clausura.»

El historiador Al-Masudi se expresa en términos parecidos: 

«Queman a sus muertos y echan en la misma pira sus armas, sus caballos y sus joyas. Cuando alguien muere, su mujer es quemada viva con él; pero si quien fallece es la mujer, entonces el marido no corre aquella suerte. Cuando fallece un hombre soltero, se le casa después de muerto. Las mujeres desean vivamente ser quemadas con sus maridos, para poder así seguirlos al paraíso.»

Sacrificios humanos

Los esclavos podían ser sacrificados durante el funeral para servir a su amo en la siguiente vida. En el relato de Ibn Fadlan hay una descripción de una esclava que va a ser sacrificada y que pasa por varios ritos sexuales. Cuando el jefe había sido puesto en el barco, ella iba visitando las tiendas para acostarse con los guerreros y mercaderes. Cada hombre le decía que esto lo hacía por devoción al difunto. Por último, ella entraba en una tienda que se había montado en el barco y en la que seis hombres mantenían relaciones sexuales con ella antes de ser estrangulada y apuñalada. Los ritos sexuales con la esclava muestran que ella era considerada un recipiente para la transmisión de energía vital para el jefe difunto.  

En el poema Sigurðarkviða hin skamma hay varios versos en los que se cuenta que la valquiria Brunilda da instrucciones sobre el número de esclavas que iban a ser sacrificadas para el funeral del héroe Sigurd, y cómo sus cuerpos debían ser dispuestos en la pira, como aparece en la siguiente estrofa. 
 

                  Því at hánum fylgja                    
fimm ambáttir,
átta þjónar,
eðlum góðir,
fóstrman mitt
ok faðerni,
þat er Buðli gaf
barni sínu.

69. "Cinco mujeres atadas
le seguirán,
y ocho de mis esclavas,
bien nacidas,
desde niñas conmigo,
y mías fueron
como regalo que Buthli
a su hija dio".

Cremación

 

Era frecuente quemar los cadáveres y las ofrendas en una pira, en la cual la temperatura alcanzaba los 1400ºC; mucho más alta que en un crematorio moderno. Lo único que quedarían serían unos fragmentos de metal y algunos huesos animales y humanos. La pira era construida de forma que la columna de humo fuera lo más grande posible para elevar al difunto a la otra vida. El simbolismo se describe en la saga Ynglinga: 

Entonces él (Odín) estableció por ley que todos los varones muertos debían ser incinerados, y sus pertenencias puestas sobre la pila, y las cenizas lanzadas al mar o enterradas. Así, dijo él, todos vendrán a Valhalla con las riquezas que portara consigo en la pila; y disfrutaría cuanto él hubiera enterrado. Un montículo se levantará en memoria de los hombres trascendentes y para todos los guerreros que se han distinguido por su virilidad se erigirá un monolito; costumbre que perduró mucho después de la era de Odin.

La cerveza funeraria y la transmisión de la herencia

En el séptimo día tras la muerte de la persona se celebraba la fiesta del sjaund, o fiesta de la cerveza funeraria, así llamada porque implicaba la libación ritual. La cerveza funeraria era una forma social de demarcar el caso de la muerte. Solo tras la ceremonia podían los herederos legalmente reclamar la herencia. Si la persona fallecida se trataba de una viuda o del dueño de una granja, el legítimo heredero podía hacerse con la propiedad y, por tanto, marcar el cambio de autoridad.

Muchas de las grandes piedras rúnicas escandinavas notifican una herencia, como la piedra rúnica de Hillersjö, que explica cómo una dama llegó a heredar no solo a sus hijos sino también sus nietos​ y la piedra rúnica de Högby Ög 81, que narra cómo una joven fue la única heredera tras la muerte de todos sus tíos.​ Se trata de importantes documentos de propiedad de una era en las decisiones legales no se transcribían en papel. Una interpretación de la piedra rúnica Tune de Østfold sugiere que la larga inscripción rúnica tiene que ver con la cerveza funeraria en honor del hacendado y declara a tres hijas como legítimas herederas. Data del siglo V y es, por tanto, el documento legal escandinavo más antiguo que reconoce el derecho sucesorio femenino.
 

Cultura Maya - Los Mayas: Rituales Funerarios

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 Los Mayas: Rituales Funerarios


Los estudios arqueológicos han determinado que los mayas practicaban tanto el entierro como la cremación. Las variedades de tumbas van desde simples agujeros en el suelo hasta ricas cámaras funerarias. También hay mucha variedad en las posiciones de los cadáveres, colocados de mil maneras diferentes.

Tradiciones fúnebres de los Mayas

Para los mayas, un pueblo altamente religioso, la muerte era algo que se debía temer y reverenciar. Su temor a la ira y el juicio de sus dioses pesaban mucho sobre ellos, haciéndolos temer al mundo más allá, incluso cuando creían en una vida después del cielo. Trataron a sus muertos con gran respeto, los lamentaron extensamente y mantuvieron viva su memoria a través de la narración de sus logros en la vida. Aunque el proceso de entierro cambió con los años, lo único que no lo hizo fue la forma elaborada en que lo realizarían. 

Creencias antiguas de la muerte maya

Los antiguos mayas de Mesoamérica creían en la reencarnación. Creían que el alma estaba ligada al cuerpo al nacer y se separaba al morir. También creían que los difuntos todavía podían ponerse en contacto con los vivos y darles consejos. Si alguien moría por suicidio, sacrificio, en el parto o en la batalla, creían que su alma iba directamente al cielo. Por ejemplo, a veces las personas se sacrificaban en el juego de pelota llamado Pok-a-Tok.
 

Preparación del cuerpo

Los antiguos mayas practicaban tanto el entierro como la cremación. Al preparar el cuerpo para el entierro, colocaban un pedazo de maíz en la boca del difunto. Creían que el maíz simbolizaba el renacimiento del alma y proporcionaba alimento para el viaje de la vida futura. Luego, envolvían el cuerpo en tela de algodón. Si se cremaban, las cenizas se colocaban en macetas o ídolos diseñados para contener restos cremados. En días festivos y festivales especiales, la familia del difunto traía comida a los ídolos.
 

Prácticas de entierro

Los entierros solían estar en tumbas cerca de edificios significativos, a veces con múltiples cuerpos. Las tumbas miraban al norte o al oeste en la dirección de los cielos mayas. Sin embargo, los gobernantes tenían tumbas extravagantes en pirámides funerarias llenas de cerámica, máscaras, comida y otros bienes. 
 
Enterraban a los difuntos con silbatos de piedra tallados en forma de animales o dioses. También cubrían las tumbas con cinabrio, un mineral rojo. El rojo era el color de la muerte y el renacimiento. También creían que el mineral podría ayudar al alma a través de su viaje después de la muerte. Unos años más tarde, comenzaron a enterrar los cuerpos después de limpiar la carne y retirar los huesos, estos eran guardados para usarlos para otros propósitos. 

Los rituales funerarios sugieren la existencia de una religión cuya esencia se refiere a la vida, la muerte y la resurrección. Los dioses fueron el emblema de la transformación eterna del universo y del hombre. Al morir envolvían al difunto en un sudario, que de ordinario era su propia manta. Dentro de la boca se le ponía maíz molido y unas cuentas de jade “para que no careciera de recursos en la otra vida”.

Fuente: El funeral y entierro de los mayas
https://www.culturamaya.org/el-entierro-de-los-mayas
Los rituales funerarios sugieren la existencia de una religión cuya esencia se refiere a la vida, la muerte y la resurrección. Los dioses fueron el emblema de la transformación eterna del universo y del hombre. Al morir envolvían al difunto en un sudario, que de ordinario era su propia manta. Dentro de la boca se le ponía maíz molido y unas cuentas de jade “para que no careciera de recursos en la otra vida”.

Fuente: El funeral y entierro de los mayas
https://www.culturamaya.org/el-entierro-de-los-may

Arte nazarí

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Arte nazarí

El arte nazarí, también llamado arte granadino, constituye la última etapa del arte hispanomusulmán. Se desarrolla durante los siglos XIII, XIV y XV, extendiéndose además de por el Reino Nazarí de Granada, por Berbería y los dominios cristianos de la península ibérica, contribuyendo al surgimiento del arte mudéjar. 

La obra por antonomasia que define a la dinastía nazarí (1237-1492) es la Alhambra, Qalat al-Amra, "el castillo rojo", verdadera síntesis de arquitectura palatina islámica y de los nuevos elementos de fortificación incorporados a la arquitectura militar. A ella se asocia una almunia o huerta de recreo conocida como el Generalife o Yannat al-Arif o "huerta del Arquitecto".
 

Contexto histórico

La Alhambra
Al debilitarse el imperio almohade surgen en al-Ándalus nuevos pequeños reinos que se hacen con el poder entre los siglos XIII y XV. La batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, abre el camino hacia el sur a los conquistadores cristianos. En contraposición, a partir de 1232, los musulmanes de Arjona (Jaén) proclaman sultán a Muhamad ibn Yusuf ibn Nasr. Se inicia así un proceso de reconstrucción territorial mediante el cual se forma en la Andalucía penibética un nuevo reino, el nazarí, cuya capital desde 1237 será Granada. La constante presión cristiana redujo paulatinamente el reino, terminando con la capitulación de Granada el 2 de enero de 1492. De este modo, desaparecía el último bastión islámico de al-Andalus. Surgiendo así el término de 'Arte Nazarí'.
 

La Alhambra

La Alhambra es iniciada por el fundador de la dinastía, Muhammad I, que abandona la alcazaba taifa emplazada en el Albaicín y elige esta colina para situar su residencia. El lugar contaba con los restos de una pequeña fortificación del siglo XI que transforma en su propia alcazaba. Para ello, la dota de un doble recinto: uno exterior a modo de barbacaba o antemuro y otro interior reforzado por altas torres; e instala en su interior un barrio castrense con casas, baño y aljibe.
 
A partir de la alcazaba se desarrolla el recinto amurallado de la ciudad jalonado de torres defensivas, si bien algunas de ellas introducen la novedad de convertirse en viviendas palatinas. A pesar del carácter de estas torres el verdadero núcleo palatino lo constituye la denominada Casa Real Vieja de la Alhambra de la que forman parte los palacios de Comares y de los Leones. Aparte de estos conjuntos residenciales y protocolarios la ciudad también fue dotada con mezquita congregacional, baños, ceca, barrio de servidores, cementerio real, y talleres. 

Entre los principales núcleos palatinos hay que destacar en primer lugar el mexuar (maswar) o sala donde se reúne el consejo de ministros o visires. Su construcción se debe a Ismail I, siendo reformado por Muhammad V. A pesar de haber sufrido grandes transformaciones, su sala rectangular cuenta en la parte central con cuatro columnas que soportaban una linterna. En torno a este espacio central cuadrado se disponen otras tantas estancias rectangulares. 
 
Al norte del mexuar se levanta el patio del Cuarto Dorado. Uno de sus lados está cerrado por una gran fachada llamada de Comares por ser el acceso monumental a dicho conjunto palatino. El palacio de Comares, construido por Yusuf I y reestructurado por Muhammad V, debe su nombre al término árabe qamriyya o qamariyya que en Oriente se utiliza para designar las vidrieras de colores. La gran fachada de Comares situada en el patio del Cuarto Dorado, siguiendo la tradición de los monarcas orientales, servía de marco al monarca cuando sentado ante ella concedía audiencias públicas a sus súbditos. Pero, al mismo tiempo, la fachada revela claramente su doble destino, puesto que una de sus puertas sirve de acceso a la zona residencial mientras que la otra introducía en el patio del palacio. Este gran patio rectangular, denominado de los Arrayanes o de la Alberca, está articulado en torno a un eje longitudinal cuya parte central va ocupada por una alberca. Los dos lados mayores del rectángulo estaban ocupados por cuatro viviendas privadas -dos a cada lado- para las cuatro esposas legítimas del sultán. Los lados menores, porticados, acogían: en el meridional la vivienda del príncipe heredero mientras que en el septentrional se hallaba la del sultán. Esta última es una sala rectangular acotada con alcobas a la que se conoce como la sala de la Barca (baraka, bendición). Un pequeño pasillo paralelo a la sala conduce en su extremo derecho a un pequeño oratorio mientras que en el extremo izquierdo una escalera ascendía a otra cámara situada sobre el salón del trono. Finalmente, y alojada en la potente torre de Comares se hallaba el salón del Trono o de Embajadores cuya techumbre de madera ha sido interpretada como los siete cielos del Paraíso coránico. En esta sala el monarca celebraba sus recepciones y actos solemnes.  

Capiteles nazaríes
De forma transversal a este conjunto se encuentra el palacio de los Leones, construido por Muhammad V. De forma tradicional, ha sido considerado la residencia privada del monarca; si bien recientemente se le ha atribuido una función similar al núcleo anterior. De manera que, la sala de las Dos Hermanas actuaría como mexuar mientras que el mirador de Lindaraja sería el salón del Trono. Con independencia de cualquiera de estas posibles funciones, el conjunto se articula en torno a un patio crucero en cuya intersección se encuentra la fuente con doce leones de mármol procedentes de una construcción del siglo XI. Avanzan en los lados menores del patio sendos pabellones mientras que sus cuatro lados están porticados. En el eje de cada uno de ellos se abren las correspondientes estancias conocidas con los nombres de: Sala de los Mocárabes, de los Abencerrajes, de los Reyes. 
 

Características

Así pues, el conjunto de la Alhambra y algunos otros edificios como el Cuarto Real de Santo Domingo y Alcázar Genil, ambos en Granada, los vestigios de la ciudad de Ronda y los numerosos castillos permiten establecer el marco general del arte nazarí que no es otro sino la síntesis del arte hispanomusulmán. 

Arquitectura militar

La arquitectura militar desarrolla los sistemas generados en época anterior dotándolos de una mayor complejidad. La arquitectura palatina emplea dos tipos de organización de patios cuyos precedentes se rastrean desde Medinat al-Zahra. Se trata del patio monoaxial -patio de los Arrayanes o de la Alberca- y del patio crucero -patio de los Leones-. Las estancias vinculadas a ellos responden nuevamente a dos tipologías: una alargada con extremos acotados por alcobas, y otra cuadrada rodeada por habitaciones. Sirvan de ejemplo la Sala de la Barca y la Sala de las Dos hermanas. 

Arquitectura religiosa

Los escasos vestigios de arquitectura religiosa permiten pensar en mezquitas que siguen el modelo almohade con naves perpendiculares al muro de la quibla. La única novedad proviene del hecho de utilizar columnas de mármol cuando el edificio tiene cierta relevancia. En cuanto al repertorio ornamental utilizan una profusión decorativa que enmascara la pobreza de los materiales, empleando desde zócalos de alicatado y yeserías de estuco a decoración pintada, como la conservada en la bóveda de la Sala de los Reyes. Es característica la columna de fuste cilíndrico.
Casino de Murcia

Arquitectura civil

Por lo que respecta a la arquitectura civil cuenta en la ciudad de Granada con el testimonio de dos edificios: el funduq y el maristan. El funduq, denominado en la actualidad Corral del Carbón, era una especie de albergue o posada destinada al alojamiento de comerciantes foráneos y de sus mercancías, que a veces, estaban especializados en un producto determinado. El maristán u hospital, asociado con posterioridad a manicomio, fue edificado por Muhammad V y demolido en 1843. Ambas fundaciones tenían una estructura cuadrangular de dos pisos en torno a un patio con alberca. 
 

Ornamentación

En cuanto al repertorio ornamental utilizan una profusión decorativa que enmascara la pobreza de los materiales empleando: desde zócalos de alicatado y yeserías de estuco, a decoración pintada; como la conservada en la bóveda de la Sala de los Reyes. Es característica la columna de fuste cilíndrico y el capitel de dos cuerpos: uno cilíndrico decorado con cintas y otro cúbico con ataurique. Los arcos preferidos son de medio punto peraltado y angrelados. Las cubiertas de madera alternan con bóvedas de mocárabes realizadas en estuco como las de la Sala de las Dos Hermanas o la de los Abencerrajes. Asimismo, a los motivos ornamentales habituales -geométricos, vegetales y epigráficos- se une el escudo nazarí que será generalizado por Muhammad V. 
 

Artes decorativas

Similar al esplendor arquitectónico es el adquirido por las artes suntuarias, destacando las cerámicas de reflejo metálico y los tejidos de seda a las que pueden añadirse los bronces, las taraceas y las armas. La cerámica de lujo, conocida como de reflejo metálico o loza dorada, se caracteriza por someter su última cocción a fuego reducido -de oxígeno- y menor temperatura. Con este procedimiento, la mezcla de sulfuro de plata y cobre empleada en la decoración llega a la oxidación produciendo el brillo metalizado. También fue frecuente añadir óxido de cobalto dando lugar a una serie en azul y dorado. Con esta técnica se realizaron los famosos "vasos" o jarrones de la Alhambra.  

Espada nazarí
Los tejidos nazaríes, por su parte, constituyen la última etapa de esplendor de los tejidos de seda andalusíes que serán sustituidos por terciopelos labrados. Se caracterizan por sus intensos colores y la utilización de motivos idénticos a los empleados en la decoración arquitectónica.

Otras muestras de arte

Desde al menos mediados del siglo XX​ se ha tenido constancia de la existencia de pinturas ocultas en el Salón de Embajadores del Palacio de Comares de la Alhambra, en partes solo accesibles para los artesanos nazaríes que participaron en la construcción.​ En posteriores tareas de restauración del Mirador de Lindaraja, a principios del siglo XXI, fue documentada la existencia de 80 dibujos policromados ocultos realizados por los artesanos que trabajaron en la decoración del palacio.​ También posteriores trabajos mostraron la existencia de más dibujos en el templete oeste del Patio de los Leones, incluyendo, ambos grupos de dibujos, representaciones humanas ¡algo prohibido en el islam!.

Desarrollo posterior

A partir del siglo XIX, con los revivals, renacimientos o movimientos neo, surge el neoárabe, que aglutina todas los artes musulmanes, incluidos el nazarí, dónde se copian yeserías, azulejos, mocárabes y especialmente, sus columnas, como vemos en el Palacio La Alhambra, el Casino de Murcia, el Kiosco morisco, la Gran Sinagoga de Budapest, la Nueva Sinagoga de Berlín, o la Casa de los Cristales.  

 


 
 
 
 

Totenpass

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Totenpass

Totenpass (en plural Totenpässe) es un término alemán que designa placas u hojas de metal inscritas que se han encontrado en enterramientos, principalmente de iniciados en las religiones órfica o dionisíaca y en algunas antiguas religiones semíticas y egipcias. El término puede entenderse como un 'pasaporte para los muertos'.​ Las llamadas tablillas o láminas de oro órfico son quizás el ejemplo más conocido. 

Los totenpässe se colocaban sobre o cerca del cuerpo como una filacteria, o se enrollaban e insertaban en una cápsula que a menudo se ponían alrededor del cuello, en la boca o en la mano del difunto a modo de amuleto. La inscripción que llevaba instruía al iniciado sobre cómo navegar en su viaje al Más Allá, incluyendo recomendaciones para evitar peligros en el itinerario de los muertos y respuestas formuladas por los jueces del inframundo. 

Tablilla órfica de oro de Tesalia del siglo IV a. C.

Laminillas órficas

El Museo Getty posee una hoja de oración órfica del siglo IV a. C. de Tesalia, un rectángulo de hoja de oro que mide aproximadamente 26 por 38 mm. 

El lugar de enterramiento de una mujer también en Tesalia y que data de finales del siglo IV a. C. contenía un par de totenpässe en forma de lamellae (en latín, 'láminas de metal delgadas' o laminillas de metal, lamella en singular). Estas laminillas fueron en este caso cortadas en forma de hojas cordadas, probablemente destinadas a representar la hiedra, aunque la mayoría de los pasaportes de los muertos de este tipo son rectangulares. Las letras griegas no están inscritas en líneas regulares, como en las láminas rectangulares, sino que serpentean para adaptarse a la forma. Las hojas son pequeñas y delgadas como papel, una mide 40 por 31 mm y la otra 35 por 30 mm. Habían sido dispuestos simétricamente sobre el pecho de la mujer, con sus labios sellados por un dánaca dorado u óbolo de Caronte, la moneda que hay que pagar al barquero de los muertos por el pasaje, en este caso, la moneda en particular tiene la representación de la cabeza de una Gorgona. También se colocó en la tumba una figurilla de terracota de una ménade, una de las mujeres extáticas en el séquito de Dioniso.
 
Aunque el texto es serpenteante y difícil de leer, las inscripciones parecen hablar de la unidad de la vida y la muerte y del renacimiento, posiblemente en forma divina. Se supone que el difunto se parará frente a Perséfone, la Reina de los Muertos, y afirmará: 'He sido liberado por el mismo Bacchios'.
 

Interpretaciones 

Günther Zuntz hizo el estudio más completo de las láminas de oro descubiertas hasta 1971 en Thurii, Creta y otros lugares, categorizándolas en tres grupos que se han convertido en un estándar tipológico. Presentó texto transcrito junto con una reconstrucción, e interpretó su base religiosa como pitagórica en lugar de órfica. El filólogo Richard Janko propuso que el grupo B de la colección de Zuntz derivaba de un arquetipo único, para el cual ofreció un texto griego hipotético y una traducción intentando no confiar en ideas preconcebidas teológicas:
 
Laminilla órfica de oro de Hipponion desenrollada
"Encontrarás a la derecha en la morada de Hades una fuente, y junto a ella se encuentra un ciprés fantasmal, donde las almas de los muertos que descienden lavan sus vidas. Ni siquiera en la oscuridad te acerques a esta fuente. Más adelante encontrarás agua fría que fluye del estanque de la Memoria y a su orilla hay guardianes. Te preguntarán con sagaz discernimiento por qué investigas las tinieblas del Hades sombrío. Te preguntarán por qué razón has venido. Diles toda la verdad, directamente. Di: 'Soy el hijo de la Tierra y el Cielo estrellado, pero el Cielo es mi nacimiento: lo conocéis por vosotros mismos. Estoy sediento y me muero: dadme enseguida el agua fría que fluye del estanque de la Memoria. Seguramente los reyes del inframundo se apiadarán de ti, y ellos mismos te darán agua de la fuente divina; entonces tú, cuando hayas bebido, recorrerás la vía sagrada que otros iniciados y bacantes avanzan gloriosos. Después de eso, gobernarás con los otros héroes."
Este texto se corresponde con la lámina órfica de Hipponion y es el más antiguo conocido, pudiéndose datar de alrededor del 400 a. C. La conclusión sólo puede encontrase en esta lámina mientras que la escena de los guardianes se encuentra en otras.
 
La fuente más disponible que discute las láminas de oro órfico es el clásico (aunque superado en algunos aspectos) Orfeo y la religión griega de W. K. C. Guthrie.​ Desde la década de 1990, la utilidad del término 'órfico' ha sido cuestionada por los estudiosos, al igual que la unidad de las creencias religiosas subyacentes a las láminas de oro.​ Más recientemente, se ha defendido la asociación de las láminas con el orfismo.

Los totenpässe también se han encontrado en tumbas de Palestina que datan del siglo II a. C. y posteriormente. Estas diminutas hojas de oro emplean un consuelo formulista que aparece regularmente en las estelas funerarias de la zona: θάρσει, (aquí se inserta el nombre del difunto), οὐδεὶς ἀθάνατος ('Toma coraje, [nombre], nadie es inmortal). En una de ellas, la tablilla inscrita tenía la forma de una diadema funeraria, con orificios para sujetarla alrededor de la frente.