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Así era y se vivía en el barco más importante del Imperio español

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Así era y se vivía en el barco más importante del Imperio español

El galeón fue la embarcación por excelencia del imperio durante más de tres siglos.
España fue la mayor potencia del mundo entre los siglos XVI y XVIII. La clave de su éxito estuvo en el control de los mares y para ello necesitó un despliegue descomunal de navíos. Entre ellos, destacó el galeón español, un modelo de barco característico de España que cubría todas las necesidades de la nación en cuanto al comercio y la defensa de sus posesiones. Si tuviéramos que hacer una historia de España según los instrumentos y medios utilizados a lo largo de los siglos, el galeón encabezaría la lista de los más importantes.

Replica con el que podemos observar la estructura de un galeón.

¿Cómo eran los galeones españoles?


El Descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón en nombre de la monarquía hispana supuso un cambio de rumbo en la historia del mundo. Las riquezas extraídas del Nuevo Mundo fueron explotadas por España hasta posicionarse como la nación más importante de la Cristiandad. Para continuar su expansión, mantener el control de sus conquistas y transportar sus preciados metales, España tuvo que crear un navío versátil que cumpliera con los requisitos necesarios para llevar a cabo estos menesteres cruciales. Fue así como se le acabó dando forma al galeón español, una adaptación del galeón estándar y su poderío en combate, pero con un tamaño menor y procurando la velocidad y agilidad de las carabelas portuguesas. Esta embarcación fue decisiva para conformar el Imperio español desde que empezaron a construirse en la década de 1530.

Sin embargo, la velocidad a la que podía navegar el galeón fue disminuyendo en favor de aumentar el tamaño de los barcos y, por tanto, su capacidad para transportar más mercancía, que osciló en portes de entre 500 y 1200 toneladas. Conforme los metales preciosos iban llegando a Europa en mayor cantidad, el Atlántico se convirtió en un lugar peligroso, por lo que el casco de los galeones ganó en grosor para soportar mejor las posibles andanadas disparadas desde naves enemigas.

Lo habitual es que estas embarcaciones tuvieran entre 30 y 50 metros de eslora, y 12 o 15 metros de manga, pero hubo grandes galeones de hasta 60 metros de proa a popa. En España destacaron los astilleros vascos y andaluces, que tuvieron sus homólogos en La Habana y Filipinas a medida que el comercio de las Indias se fue expandiendo. Se estima que hicieron falta unos 2000 árboles para adquirir la madera necesaria para un galeón, cuya construcción podía alargarse durante dos años.

La estructura consistía en dos o tres cubiertas con una proa en forma de pico, donde se colocaba el mascarón, y un castillo de popa alto. Aunque el término “galeón” proviene de “galera”, este barco no se propulsaba con remos, sino que su avance depende de las velas, cuadradas o triangulares, repartidas entre los tres o cuatro mástiles que se levantaban sobre la cubierta principal del navío. La distribución de la combinación de velas y la pericia de la tripulación eran capaces de que un galeón navegase a 8 nudos, es decir, unos 14 kilómetros por hora. En los extremos más altos de cada mástil ondeaban en el aire banderas con el escudo de armas de la monarquía española.

Un barco para la guerra y el comercio

La versatilidad del galeón español se demuestra con las dos vertientes para los que se utilizó. Su eficacia militar estuvo fuera de dudas. Este barco pertrechado con unos 40 cañones se convertía en una rocosa pieza de artillería en la mar que trajo de cabeza a las demás potencias europeas y a los temerarios piratas que intentaron asaltar barcos españoles. Los galeones de guerra fueron la principal escolta de la Flota de Indias, la organización naval con la que se transportaban dos veces al año la plata, el oro, las piedras preciosas y las especias desde América al puerto de Sevilla. La protección era similar en el conocido como Galeón de Manila, una flota ideada como la que navegaba por el Atlántico, pero en el Pacífico, donde conectaba comercialmente América con Filipinas y China.

Un cargamento tan valioso y cuantioso como el que podían cargar estas embarcaciones, resultaba un bocado demasiado tentador. Sin embargo, ni las potencias rivales de España ni la edad de oro de la piratería supusieron un gran problema para el Imperio español. Tal y como se puede leer en el libro El oro de América:

“Hollywood miente. Es hora de decirlo a las claras. Las fuerzas de la naturaleza y el inmenso y oscuro mar, más que los piratas o los buques de las naciones con las que se mantenían conflictos, fueron los auténticos enemigos de los barcos cargados de tesoros que cubrían la Carrera de Indias, la extraordinaria ruta marítima que unía los territorios de la monarquía a través del océano Atlántico”.

A bordo de un galeón

Sevilla y su puerto en el siglo XVI:
salida y llegada de la Flota de Indias.
 
El cine y las novelas también han romantizado la vida a bordo de los barcos la Edad Moderna con aires de libertad y aventura en lo que realmente era una lucha por la supervivencia en un entorno implacable. Entre 120 y 300 personas podían navegar a bordo de estos galeones sumando la tripulación y los pasajeros, lo que suponía una falta total de intimidad y comodidad en viajes que se alargaban durante meses.

“Las condiciones de hacinamiento y la poca posibilidad de bañarse adecuadamente significaban que un galeón estaba plagado de todo tipo de pasajeros altamente indeseables. Las ratas en la bodega, las cucarachas en las cubiertas, los gusanos en la sopa, los insectos en la ropa de cama y los piojos en el cuerpo eran parte del viaje marítimo”.
Es por ello que infinidad de hombres y mujeres que subieron a bordo de algún galeón sufrieron alguna enfermedad contraída a bordo por la falta de higiene y una dieta que empeoraba con el paso de los días en alta mar ante el deterioro de los alimentos. No debe ser fácil imaginar desde nuestro confortable siglo XXI el alivio que debía sentir un marinero al pisar tierra firme cuando su barco llegaba a buen puerto.

Traiciones y dictadura del auténtico Simón Bolívar

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Traiciones y dictadura del auténtico Simón Bolívar: el millonario «español» que se hizo revolucionario

Sobrepasado por las circunstancias, Bolívar asumió en un pronunciamiento en Bogotá plenos poderes dictatoriales, lo que condujo a la rebelión colombiana contra su dictadura pretoriana hacia 1830

La historia recuerda a Simón Bolívar como el gran libertador de Sudamérica y el hombre que soñó con una confederación democrática de estados libres al estilo de EE.UU. Se cuidan los que han levantado esta pulida y mitificada versión de Bolívar, hoy reverenciado por cierta izquierda americana, en omitir el giro despótico que invadió al criollo en varios periodos de su vida. Aparte de su mala opinión de los indígenas, «seres incapaces de una concepción política»; o de su hostilidad hacia Perú, que veía como una amenaza a su Gran Colombia .

Nacido en el seno de una familia de ascendencia española de Caracas, Bolívar ingresó muy joven en el Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua , donde su padre ejercía sus funciones de oficial y tenía un gran hacienda. 

En 1799, realizó un viaje a Europa para perfeccionar su formación militar, si bien fue entonces cuando germinó en su interior las ideas independentistas contra la «Madre Patria». 

Ya en la rebelión iniciada por Francisco de Miranda , en plena Guerra de Independencia española , cobró Bolívar un importante protagonismo como el hombre que convenció al exiliado en Londres de regresar a América.

Caído el prestigio de Miranda, el criollo le traicionó en última instancia para salir con vida de este primer intento de independencia. Bolívar hizo prisionero a Miranda y lo entregó al Ejército español a cambio de un salvoconducto para regresar a Caracas, si bien finalmente se dirigió a Cartagena de Indias con la intención de encender una nueva rebelión.

Una guerra civil entre españoles

Lo que vino a llamarse la «Campaña Admirable» dio luz a la Segunda República , un régimen totalmente personalista del criollo, que trasladó la guerra a un nuevo nivel de violencia y confrontación social. 

Lejos del relato clásico de la lucha de los americanos por conseguir su independencia respecto a los españoles, las sucesivas guerras de emancipación que se vivieron en los territorios del Imperio español fueron, en esencia, una guerra civil entre españoles, esto es, españoles de América contra españoles de Europa.

Los procesos corrieron a cargo de criollos dueños de grandes plantaciones e intelectuales enriquecidos, que recibieron el apoyo indirecto de EE.UU. e Inglaterra , empezando con el comercio de armas y barcos de guerra a los insurgentes. 

Sin ir más lejos, la familia de Bolívar era dueña de extensas plantaciones de cacao, con indios de encomienda y esclavos negros. La población mestiza e indígena combatió de forma indiferente en ambos bandos y no mejoró, sino todo lo contrario, su situación una vez se marcharon los europeos.

Tras sucesivas derrotas a manos del Ejército español, la Segunda República de Bolívar se deshilachó a la misma velocidad que se había creado. 

Cuando en 1814 Fernando VII regresó al poder, pudo organizar una expedición de 10.500 soldados desde España y restablecer el poder real en todos los territorios. 

Poco después, Bolívar renunció a su mando y, en mayo de 1815, se exilió a Jamaica , en manos británicas. Un periodo de reflexión en el que el criollo español abandonó su proyecto de independencia regional y se abonó a uno continental. 

Revestido de democracia a toda costa, Bolívar postulaba un sistema político propio de los caudillos latinos, con un presidente vitalicio y una cámara de senadores hereditarios integrada por los generales de la independencia…

Bolívar llegó al Perú no tanto por dar la libertad a los peruanos, «sino principalmente por el interés geopolítico de destruir de raíz lo que consideraba como una amenaza para la Gran Colombia»
En 1819, logró la independencia de Nueva Granada y el nacimiento de la Gran Colombia , de la cual se convirtió en dirigente. Sin tiempo que perder, impulsó una ley de expulsión de los españoles el 18 de septiembre de 1821 por la que todos los ciudadanos con origen peninsular que no demostrasen haber formado parte del movimiento independiente serían sacados a la fuerza del país.

Puesta su mirada en el sur, el todopoderoso Virreinato del Perú , trató de forjar una alianza con José de San Martín . Durante una reunión entre ambos en Guayaquil , Bolívar concluyó decepcionado que el libertador del Perú «no creía en la democracia, estando convencido de que aquellos países no podían ser regidos más que por Gobiernos vigorosos, que impusieran el cumplimiento de la Ley, ya que cuando los hombres no la obedecen voluntariamente, no queda más arbitrio que la fuerza». 

Cuando San Martín le ofreció el liderazgo de la campaña libertadora en el Perú, Bolívar le dio a entender que solo lo aceptaría si él se retiraba del Perú. ¡O Bolívar o nada!

Así lo hizo San Martín, que puso rumbo a Europa, si bien el verdadero problema de Bolívar con Perú era la amenaza que suponía como país para su amado proyecto de la Gran Colombia. 

En opinión del historiador Hugo Pereyra Plasencia , Bolívar llegó al Perú no tanto por dar la libertad a los peruanos, «sino principalmente por el interés geopolítico de destruir de raíz lo que consideraba como una amenaza para la Gran Colombia.

Por eso se crea Bolivia, para cortarle las patas al “monstruo” peruano». Lo poco que le importaba la libertad local se demostró cuando, en 1825, Bolívar dispuso la anulación de la emancipación de los esclavos que había decretado San Martín y poco después implantó de nuevo el tributo del indígena, que también había sido eliminado por San Martín el 27 de agosto de 1821.

Ese mismo año, el Congreso Constituyente convocado por él en Perú ordenó levantar una estatua ecuestre de Bolívar en la plaza del Congreso, donde está actualmente, y el pago de una recompensa de 1.000.000 de pesos , cantidad que representaba, más o menos, la tercera parte del presupuesto anual del Perú de la época, como una «pequeña demostración de reconocimiento» hacia su figura.

Años de dictadura

Bolívar soñaba con replicar los EE.UU. en un territorio fragmentado, de caracter provincial y diverso, que en algunas zonas veía con poco o nada entusiasmo el proyecto confederado, como en el caso de Perú. 

En los años posteriores el «libertador», que empezó a acaparar poder y actuar de forma despótica, fracasó en su intento de imponer su visión de la democracia a todo el continente.

En 1826, el levantamiento de José Antonio Páez contra el orden impuesto en Venezuela por Bolívar, unido al rechazo de la unión con Colombia, comprometieron gravemente el proyecto de la Gran Colombia . 

Tampoco salieron las cosas como él había previsto en la Asamblea de Panamá (1826), donde intentó conseguir la unión continental a través de una confederación, quedando reducida la participación a Colombia , México, Perú, Chile y las Provincias Unidas de Centroamérica y los compromisos a solo buenas palabras.

Además, concluida la guerra contra el Imperio español , la aristocracia limeña consiguió la anulación de la Constitución bolivariana que se les había impuesto con el argumento de Bolívar de que, aunque no fueran legales los métodos para aprobarla, era «popular y por lo tanto propio de una república eminentemente democrática». Ni entonces, ni hoy, Perú guarda buen recuerdo del Libertador.

Sobrepasado por las circunstancias, Bolívar asumió en 1828 en un pronunciamiento en Bogotá plenos poderes dictatoriales, lo que condujo a la rebelión colombiana contra su dictadura pretoriana. Entre las medidas impopulares que impuso, estuvo una serie de privilegios a la alta jerarquía del Ejército y la restitución del impuesto de la alcabala, un impuesto español que se había llevado a América tras la conquista y del cual muchos criollos se habían quejado a lo largo de los tiempos.

La invasión del ejército peruano al frente de La Mar , la insubordinación del general de su mayor confianza, José María Córdoba , y un intento de asesinato el 25 de septiembre de 1828 le señalaron la puerta de salida. Bolívar, gravemente enfermo y en proceso depresivo, presentó su dimisión en 1830 ante el Congreso colombiano y vivió sus últimos días torturado por las noticias que llegaban de más y más fragmentaciones de las repúblicas americanas. Falleció poco después en la casa del hidalgo español Joaquín de Mier , en San Pedro Alejandrino .

La Hoya (Laguardia)

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Poblado Neolítico y Celtíbero de La Hoya en Alava


El poblado de La Hoya es un importante yacimiento arqueológico protohistórico prerromano​ que se encuentra en el paraje llamado El Torreón, cerca de la localidad alavesa de Laguardia, municipio al que pertenece, en la Rioja Alavesa en el País Vasco (España). Está considerado como uno de los yacimientos de la Edad del Hierro más importantes del norte de la península ibérica y el más importante del País Vasco. El sustrato abarca un extenso período de más de mil años, desde la Edad del bronce aproximadamente 1200 años a.C. siglo XII a. C. hasta finales de la Edad del Hierro en el 250 a.C siglo II a. C., siendo uno de los núcleos de población más importantes de la etnia celtibérica de los berones.

Poblado de la Hoya en Álava
Fue descubierto en 1935 y ha sido objeto de amplios y prolongados programas de excavación, aproximadamente en el 15% de su extensión, que han aportado información sobre la evolución de esta comunidad, sus formas de vida y creencias.​ Tiene adosado un centro de interpretación en el que se explican las características del poblado y sus gentes, así como la arquitectura de las casas que se encontraban en este poblado o las tradiciones funerarias de aquella civilización.
 

Historia 

Fue descubierto de forma causal por Alejandro Sampedro Martínez en 1935 al aparecer en sus terrenos, durante las labores de la branza, muchas restos de cerámica que le dio pie a realizar una prospección en la que halló restos de un antiguo poblado. Alejandro Sampedro comunicó el hallazgo a Carlos Sáenz de Tejada y Álvaro Gortazar, quienes realizaron un primer estudio sobre el yacimiento y publicaron el primer informe del mismo. Le dieron el nombre de "La Hoya". 

En 1950 se realizó un estudio en el partición los arqueólogos Domingo Fernández Medrano, Máximo Ruiz de Gaona y Basilio Osaba. Cinco años después fue Gratiniano Nieto quien realizó excavaciones. En 1973, bajo la dirección de Armando Llanos, fue el Instituto Alavés de Arqueología realizó una importante campaña que fue continuada en 1989 obteniendo una gran cantidad de material arqueológico para estudio. Aun así, solo está excavado el 15% del yacimiento.
 
El yacimiento abarca unas cuatro hectáreas y estaba un poco más elevado, unos 2 metros, que los campos circundantes. Una muralla rodeaba todo el núcleo urbano formado por casa realizadas en adobe y con cubierta vegetal que contaban, normalmente, con tres estancias y estaban abierta a la calle, la cual estaba pavimentada. Se han localizado, además del perímetro amurallado, dos necrópolis en las cuales se depositaban los cadáveres incinerados junto a los ajuares correspondientes a los individuos fallecidos. De estos hallazgos se deduce que los guerreros eran un grupo social predominante. En el área urbana excavada se han encontrado unos 200 enterramientos de individuos menores de 5 años que eran inhumados dentro de las casa junto a los muros de las mismas. 
 
Piezas de cerámica halladas en el poblado de La Hoya.
El poblado, habitado por la tribu prerromana de los Berones, fue próspero y mantuvo un crecimiento constante que se refleja en la planificación urbanística, se reforzaron las defensas, las viviendas fueron separándose de las murallas y agrupándose en manzanas cerradas articuladas en calle pavimentadas con aceras y pasos elevados en la calzada. Sus habitantes Vivian de la agricultura y la ganadería obteniendo un rendimiento suficiente que les permitía el comercio con otras comunidades y la adquisición de productos producidos en otros lugares.
 
El suceso que marcó el final de la población fue un suceso violento que sucedió en el momento de mayor esplendor de la misma. Un ataque por algún grupo enemigo que asaltó, incendió y derrumbó la mayoría de los edificios matando a la mayor parte de la población. El hecho sucedió un día de mercado y permitió que permanecieran bajo los escombros de los edificios derruidos numerosos objetos y restos que han sido hallados en los diferentes campañas de excavaciones. Parte de los sobrevivientes intentaron la reconstrucción del poblado sin conseguir mantenerlo en el tiempo. No pasaron muchos años cuando decidieron trasladarse al cerro, mucho más elevado y fácil de defender, en el que había un manantial de agua potable, donde fundaron la localidad que daría origen a lo que hoy en día es Laguardia. Un testimonio de ello es el hallazgo del estanque celtibérico de la Barbacana, la mayor infraestructura de esas características y de esa época encontrada en Europa, que data de la Edad del Hierro. Para el siglo I el poblado de La Hoya, ya estaba abandonado puesto que no se ha encontrado ningún resto romano. 
 

La arquitectura

El poblado de La Hoya tiene elementos comunes a los asentamientos de su misma época, entre ellos la muralla defensiva que lo rodea. Esta muralla se realizó al menos en tres periodos diferentes. Se ha hallado una construcción realizada en madera, con vigas y vayas en el parte oeste y de piedra, hacia el este que se estima que es de un primer periodo del asentamiento, pero se desconoce si ambos tramos son o no de la misma época. Luego hay dos partes diferenciadas, la parte este y norte está realizado con dos muros paralelos hechos de piedra caliza cuyo espacio entre ellos se rellena de piedras y tierra. La parte oeste y norte está realizado mediante el amontonamiento de piedras, poniendo la mayores en la parte baja y las menores sobre ellas, está técnica se cree que es de influencia celta. Esta área de la muralla está bastante bien conservada. Las murallas llegan a alcanzar en algunos lugares los 3 metros de altura. En la parte sur se ha hallado una forma triangular compatible con una torre de defensa situada en la entrada principal de la población.  

Poblado de la Hoya en Álava
Se pueden distinguir dos aspectos en la estructura de poblado: uno relativo a la época celtibérica, y otro antes de su llegada. La estructura del sitio es bastante clara desde el período celtibérico, ya que es el más excavado y estudiado. El pueblo en ese momento tenía cuatro calles principales enfrentadas a los vientos, y el resto de ellas estaban dispuestas perpendicularmente o en forma de red, las otras de lado. Sin embargo, algunas calles y otras no terminan ni comienzan en el lado opuesto de la calle, sino hacia arriba o hacia abajo en el otro lado de la calle principal. Por otro lado, también había algunas piedras grandes que se podían pasar de un lado a otro sin ensuciarse. Las casas, en cambio, eran de planta cuadradas y trapezoidales, de unos 16 metros de largo y 5,50 metros de ancho. Solían tener tres habitaciones, la estructura era de madera y las paredes se contraían en barro, con una estructura interna de ramas entrelazadas sobre la cual se aplicaba el barro, o mediante ladrillos de adobe. la cubierta era vegetal.
 

La cultura

La gran cantidad de objetos recuperados en el yacimiento permiten determinar cómo Vivian los habitantes del poblado. Han aparecido muchos tipos de moldes, formas, calidades y ornamentos. En la cerámica se distinguen dos periodos diferenciados correspondientes a las piezas halladas en los diferentes extractos de las excavaciones, hay una cerámica que baja calidad realizada con arcilla oscura a la que le añaden pequeños cantos rodados para evitar que se agriete. Se modeló en tornos manuales y se coció en hornos, todo ello trabajado y pulido con cuidado y espero. Su forma es de base y cuellos estrechos con cuerpos y bocas anchas. Están adornados con motivos realizados con cuerdas o directamente con los dedos. El de un nivel superior están estar mejor elaborado en general, son vasijas pequeñas, quizás utilizadas como tazas. La técnica es más compleja, se utilizan tornos más rápidos y se realizan piezas mayores, se cuecen en mejores hornos que logran oxidar el barro. Las piezas son de su propio color, amarillo y fueron decorados con rayas negras y patrones geométricos. Han aparecido muchas vasijas y utensilios de este período: tazas, ollas, antoxinas o cajas de cerámica decoradas a modo de ataúdes, pesas textiles, bolitas de arcilla utilizadas como monedas o monedas, sacos de cuero, cuchillos, pulseras, entre otros. Muchos o la mayoría de ellos, tanto de arcilla como de metal, se hicieron allí, ya que también aparecieron moldes para trabajar el metal. 

La alimentación estaba basada en la agricultura y ganadería, comían trigo, cebada, frutas y bellotas así como carne de oveja, cabra, ganado vacuno y porcino así como venados y jabalíes. En cuanto al vestido no ha aparecido ningún resto que permita saber cómo era, hay algunas imágenes datadas en la Edad del Bronce que muestran trajes con sombrero, chaqueta ajustada y una especie de vestido. Tampoco es tarea fácil saber qué tipo de creencia o culto tenían estos habitantes de La Hoya, ya que no hay muchos rastros que puedan arrojar luz sobre esto. Sin embargo, hay suficientes pistas para decirles a algunos animales que tenían una devoción especial: figuras de serpientes, en las pulseras que usaban; ganado, en lápidas y en las orejas para atar vestidos; cuernos de venado en la base de la pared.
 
Al parecer, también tenían una devoción especial por el cráneo. Así lo indican, al menos, las calaveras encontradas en el interior de una casa y las piezas talladas de calaveras que han aparecido en otros lugares, ya sea como decoración o utilizadas en algún lugar. Los rituales relacionados con la muerte se distinguen por la edad de los individuos fallecidos, los individuos menores de 5 años se enterraban dentro de la vivienda, al lado de alguna pared. Los individuos mayores eran incinerados y sus cenizas depositadas junto al ajuar del difunto en necrópolis definidas (se han hallado 2 necrópolis).

Producto del asalto que sufrió la población y que le puso fin, se han encontrado 5 cadáveres de adultos y estaban bajo los escombros en la calle, uno de ellos tenía el cuello y el brazo rotos. También se han encontrado restos de animales domésticos, algunos de ellos con las patas atadas dispuesto a la venta. 
 

Severo Ochoa. Biografía

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Severo Ochoa. Biografía

(Luarca, Asturias, 1905 - Madrid, 1993) Bioquímico español que fue Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1959. Compartió el premio con el bioquímico Arthur Kornberg, por sus descubrimientos sobre el mecanismo de la síntesis biológica del ácido ribonucleico (ARN) y del ácido desoxirribonucleico (ADN).

Severo Ochoa estudió en Málaga, ciudad a la que se trasladó con su familia tras el fallecimiento de su padre en 1912. Su interés por la biología fue estimulado en gran parte por las publicaciones del gran neurólogo español Santiago Ramón y Cajal; Ochoa se trasladó a Madrid y cursó estudios de medicina que, en aquella época, eran los que mejor salida daban a sus perspectivas futuras.

Se licenció en 1929 por la Universidad Complutense de Madrid doctorándose poco después. Sin embargo, nunca ejerció la medicina; el mismo declaró en numerosas ocasiones que no había visto a un enfermo desde que salió de la Facultad. Durante su estancia en Madrid vivió en la Residencia de Estudiantes, en la que ingresó en 1927, y allí fue compañero de grandes intelectuales y artistas de la época, como Federico García Lorca y Salvador Dalí.

En la Universidad madrileña fue profesor ayudante de Juan Negrín y le fueron concedidas varias becas para ampliar sus estudios en las Universidades de Glasgow, Berlín y Londres, y principalmente en Heidelberg, concretamente en el Instituto Kaiser Wilhelm para la Investigación Médica; durante este periodo trabajó en la bioquímica y la fisiología del músculo, bajo la dirección del profesor Otto Meyerhof, cuya influencia fue decisiva a la hora de tomar una perspectiva en su futura carrera científica.

En 1931, ya de vuelta en Madrid y en el mismo año de su boda con Carmen García Cobián, fue nombrado Profesor Ayudante de Fisiología y Bioquímica de la Facultad de Medicina de Madrid, cargo que ocupó hasta 1935. En 1932 realizó los primeros estudios importantes sobre enzimología en el Instituto Nacional para la Investigación Médica de Londres, y en 1935 fue invitado por el profesor Carlos Jiménez Díaz a asumir la Dirección del Departamento de Fisiología del Instituto de Investigaciones Médicas de la Ciudad Universitaria de Madrid.

En 1936 estalló la Guerra Civil Española y ello favoreció la partida de Severo Ochoa hacia ambientes más propicios para la investigación. Así, llegó de nuevo a Alemania y en ese mismo año fue designado asistente de investigación invitado en el Laboratorio de Meyerhof de Heidelberg, donde estudió las enzimas de ciertos pasos de la glucolisis y de las fermentaciones.

Pero tampoco duró aquí mucho tiempo, pues la invasión nazi no tardó en llegar y tuvo que salir del país, ya que su jefe era judío. En 1937 se trasladó a Plymouth y allí investigó en el Laboratorio de Biología Marina, y desde 1938 hasta 1941 se dedicó al estudio de la función biológica de la tiamina (vitamina B1) y de otros aspectos enzimáticos del metabolismo oxidativo, en el Laboratorio de Rudolph Peters de la Universidad de Oxford.

Emigró a los Estados Unidos en 1941, esta vez a causa del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Comenzó su andadura americana con un cargo en el Departamento de Farmacología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, en San Louis, y allí realizó interesantes estudios enzimológicos con los investigadores Carl Cori y Gerty Cori. Posteriormente, en 1942, pasó a trabajar en la Universidad de Nueva York, donde permaneció gran parte de su vida; allí, y estimulado por su esposa, emprendió una carrera de investigación independiente que más tarde daría sus frutos, mientras realizaba su labor como investigador asociado en la Facultad de Medicina.

Aunque Severo estaba convencido de los beneficios que les reportaría la nacionalidad americana, dejó que fuera su mujer la que tomara, más tarde, la decisión de pedir la ciudadanía americana, que les fue concedida en 1956; pero según sus propias palabras él siempre se consideró "un exiliado científico, no político".

Sus experimentos realizados en esta época sobre farmacología y bioquímica, especialmente en el campo de las enzimas, le valieron la Medalla Bewberg de 1951. Investigó el metabolismo de los hidratos de carbono y de los ácidos grasos, y descubrió una nueva enzima que aclaraba el mecanismo de oxidación del ácido pirúvico (ciclo de Krebs); también estudió el papel del complejo vitamínico B en estos ciclos y el proceso de fijación de CO2 por parte de las plantas verdes en la fotosíntesis. Pero sus principales investigaciones se centraron en los fosfatos de alta energía que participaban en las reacciones bioquímicas.

Eran éstos unos años en los que la bioquímica experimentaba una revolución a nivel molecular; así en 1953, James Watson y Francis Crick habían propuesto un modelo en forma de doble hélice que explicaba la estructura molecular del ADN (ácido desoxirribonucleico) y en 1955 Severo Ochoa descubrió y aisló una enzima de una célula bacteriana de Escherichia coli, que él denominó polinucleótido-fosforilasa y que luego fue conocida como ARN-polimerasa, cuya función catalítica es la síntesis de ARN (ácido ribonucleico), la molécula necesaria para la síntesis de proteínas.

Con esa enzima, Ochoa consiguió por vez primera la síntesis del ARN en el laboratorio, a partir de un sustrato adecuado de nucleótidos (sus componentes elementales). Un año más tarde, el bioquímico norteamericano Arthur Kornberg, discípulo de Ochoa, demostró que la síntesis de ADN también requiere otra enzima polimerasa, específica para esta cadena. Ambos compartieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1959 por sus descubrimientos.

Estos extraordinarios hallazgos permitieron posteriormente el desciframiento del código genético (que se comprobó era universal para todos los seres vivos) y la confirmada capacidad reproductiva de los ácidos nucleicos hizo que éstos fueran ya considerados como las moléculas de la herencia biológica. Por ello, el científico Hermann Joseph Muller afirmó que la vida se creo artificialmente en el laboratorio en 1955, en alusión al experimento de Ochoa.

Posteriormente, vista la importancia biológica de la doble hélice de ADN, Watson y Crick compartieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1963. Severo Ochoa continuó investigando el mecanismo molecular de la lectura del mensaje genético y su expresión. En 1971 fue nombrado Director del Laboratorio de Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid. Dejó la Universidad de Nueva York en 1975, regresó a su país de origen y en la década de 1980 dirigió dos grupos de investigación en biosíntesis de proteínas simultáneamente, uno en el Instituto de Biología Molecular de Madrid y otro en el Roche Institute of Molecular Biology de Nueva Jersey, en Estados Unidos, hasta que en 1985 fijó su residencia definitivamente en España. Aunque se jubiló oficialmente en 1975, nunca abandonó la investigación.

En mayo de 1986 murió su mujer, y ello supuso para Severo un golpe muy duro que le sumergió en una especie de profunda depresión. A partir de entonces, Ochoa decidió no volver a publicar ningún trabajo científico más, con lo que puso totalmente fin a su brillante carrera. A partir de entonces se dedicó principalmente a dar conferencias, a atender a los medios de comunicación y a tratar con los estudiantes del Centro de Biología Molecular de Madrid. En junio de 1993, Severo Ochoa presentó en Madrid su biografía titulada La emoción de descubrir, escrita por el periodista Mariano Gómez-Santos, y en noviembre de ese mismo año murió en Madrid, a la edad de 88 años, a consecuencia de una neumonía.


Submarino Peral

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Submarino Peral

(Isaac Peral, Cartagena España, 1 de junio de 1851)

El Peral fue un prototipo de submarino con propulsión eléctrica realizado por la Armada Española según un proyecto de Isaac Peral. Fue el primer submarino militar de la historia.

Génesis

Aunque no fue la primera vez que se planeaba la construcción de un buque que navegaba en inmersión, en 1885 la novedad era que se propulsaba por medio de la energía eléctrica.

En 1885 el teniente de navío Isaac Peral se dirigió al Ministro de Marina, Manuel de la Pezuela y Lobo, para exponerle sus teorías sobre la posibilidad de realizar un torpedero sumergible para defensa de costas.
 
El submarino en su nueva ubicación en el Museo Naval de Cartagena.
El ministro autorizó la construcción del aparato por Real Orden de 4 de octubre de 1886, con un crédito inicial de 25 000 pesetas. En abril del año siguiente, el nuevo ministro de marina, Rafael Rodríguez de Arias, autorizó la construcción. 
 

El buque

 
El casco era de acero, con forma de huso y tres tanques de trimado, que achicaban por medio de bombas. La cota máxima de inmersión era de 30 m y se controlaba por medio de dos hélices de eje horizontal accionadas eléctricamente.
 

Tenía un tubo lanzatorpedos a proa, cosa que no volvería a verse hasta los Holland norteamericanos de la Primera Guerra Mundial. 

Coste del buque

El coste final del proyecto quedó según el siguiente desglose: 

  ➤ Baterías y acumuladores         ➤   75 000 ptas

  ➤ Tres dínamos                             ➤   25 000 ptas
 
  ➤ Tres locomóviles                        ➤   30 000 ptas
 
  ➤ Dos motores de 30 CV              ➤   12 000 ptas
 
  ➤ Tres motores                              ➤    4 500 ptas   
 
  ➤ Tubo de lanzar torpedos           ➤  20 000 ptas
 
 
Placa colocada en la proa del sumergible

➤
Casco del buques         ➤ 07 500 ptas
 
➤ Jornales y varios         ➤ 125 000 ptas
 
➤ TOTAL                          ➤ 299 500 ptas
 

Construcción y pruebas

 Se colocó la quilla en grada el 1 de enero de 1888 y tuvo lugar su botadura el 8 de septiembre en aguas de San Fernando.
 
Se realizaron pruebas en dique el 25 de diciembre de 1888, y para las de mar se constituyó una comisión, presidida por el capitán general del departamento Florencio Montojo Trillo, en la que figuraba entre otros el entonces capitán de fragata Joaquín Bustamante y Quevedo.  

La comisión impuso las siguientes pruebas a superar por el prototipo:
 
✱ Velocidad

✱ Navegación en superficie y evoluciones
 
✱ Inmersión dinámica, con pruebas de velocidad

✱ Lanzamiento de torpedos en superficie e inmersión
 
✱ Pruebas de mar de carácter táctico
 
Fue la primera vez que se usó la propulsión eléctrica en la Armada Española. 

Según Memoria del 15 de febrero de 1890 de Isaac Peral, el buque tenía una autonomía de 66 horas y un radio de acción de 284 millas náuticas (511 km). 
 
Aunque el buque tuvo éxito en los tres simulacros de ataques nocturnos, fracasó en el diurno contra el Cristóbal Colón y otras unidades menores, cuando fue detectado a 1000 m del crucero. Igualmente, la comisión decidió que el buque no superaba los criterios de autonomía, a pesar de que Isaac Peral comprometió una autonomía que el prototipo sí cumplía. 
 

Cierre del proyecto

A Peral se le concedió la medalla del Mérito Naval con distintivo rojo por el peligro que corrió durante las pruebas. 

El 11 de noviembre de 1890, el Ministro de Marina Antonio Cánovas del Castillo, siguiendo el dictamen del Consejo Superior de la Armada, trasladó a Peral un escrito que había presentado su predecesor en el cargo José María Beránger Ruiz de Apodaca al Consejo de Ministros, cuyo texto era: 
 
«El Comandante del torpedero submarino entregará al arsenal de la Carraca, bajo inventario, acumuladores, bombas, generadores y demás efectos y material de buque».

En junio de 1892 se le desmontaron parte de sus equipos, el tubo lanzatorpedos y los motores, entre otros. Quedó el casco vacío arrumbado en el Arsenal de la Carraca. 

Popa del submarino Issac Peral
Por Real Orden de 3 de noviembre de 1913 se ordenó su desguace, sentencia que no llegó a ejecutarse.

Recuperación para la Historia

Durante cuarenta años, el submarino de Peral fue carne de desguace en el isleño Arsenal de la Carraca, hasta que en 1929, el almirante Mateo García de los Reyes, primer comandante del arma submarina española, logró recuperar el casco y remolcarlo a Cartagena, instalándose en 1930 en tierra frente a la Base de Submarinos tras retocarse la obra viva.
 
El 1 de diciembre de 1965, a petición del Ayuntamiento de Cartagena, pasó a constituirse en monumento popular en la plaza de los Héroes de Cavite.​ Tras la remodelación del frente marítimo de la ciudad, en el año 2002, fue trasladado a una fuente ubicada en el Paseo Alfonso XII, junto al puerto deportivo. 
 
El 15 de diciembre de 2012 se trasladó a una sala del arsenal militar, dependiente del Museo Naval de Cartagena, para su restauración; siendo inaugurada y abierta al público en septiembre de 2013.
 






 

Año 718, nacimiento del Reino de Asturias y de la epopeya de España

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Año 718, nacimiento del Reino de Asturias y de la epopeya de España

Los orígenes de Asturias, y por ende de España, navegan entre el mito y la leyenda que más tarde se harán relato, relato que perdura hasta el presente. Las crónicas medievales, por parte cristiana la Albendense y el Cronicón de Alfonso III entre otras, y por parte musulmana Ibn Hayyan, Ibn Jaldum o Ahmad al Razi como más conocidos, se han encargado de dar cuenta de lo acaecido en aquellos tiempos oscuros, con el sesgo que de cada uno cabía esperar. En cualquier caso, algunos hechos y factores pueden considerarse como contrastados, y así es que allá por el año 718 cuentan los cronicones, y los estudios modernos confirman, tuvo lugar en Cangas de Onís, oriente de la actualAsturias, algo parecido a una asamblea o concejo abierto –una forma de administración local que aún perdura en el norte de España- en la que unos jefes de clan, o simplemente notables y hombre libres de la zona, promovieron como líder político y militar a uno de ellos, un tal Pelagius, o Pelayo. El nuevo Princeps, que tal vez ese fuera el título, nunca el de rey, toma como primera y fundamental decisión el rechazo de los impuestos a pagar a los ocupantes musulmanes, que no árabes, pues la mayoría de los invasores venidos del otro lado del Estrecho eran bereberes del actual Marruecos.

Esta decisión suponía una declaración de independencia, pues el poder, desde siempre, corresponde a aquel capaz de imponer impuestos y recaudarlos, y en este caso era el poder cordobés por medio de su gobernador Munuza, asentado en la villa de Gijón y que hoy en día le dedica una céntrica calle. En el caso que nos ocupa y por delante de la batalla de Covadonga, de la que nos ocuparemos más adelante, se consideraconvencionalmente como el inicio de Asturias, territorio histórico por antonomasia,como entidad política independiente, si bien precaria.

EL TERRITORIO Y SU POBLAMIENTO

La Tierra astur, el espacio donde se asienta el Principado, cuenta con unas características que la hacen particular con respecto al resto del país, incluidas las regiones del Cantábrico. Al norte, este mar bravío la proyecta hacia el resto del mundo celta y, por el sur, la Cordillera cantábrica con sus mayores altitudes la aíslan de los vientos cálidos del sur. El resultado es un espacio bajo la potente influencia del clima atlántico, quebrado hasta la extenuación, siempre en estado de semiaislamiento con las tierras de la meseta –aún hoy- y con graves dificultades para el desplazamiento interno lo que corrobora la existencia en la actualidad de tres variantes de la lengua tradicional del Principado, el Asturiano.

Clima duro, terreno compartimentado, condiciones típicas para una economía de pastoreo, caza y recolección. Los asentamientos humanos se documentan desde el Paleolítico inferior en las cuevas y el arte rupestre hoy en día visitables, como la incomparable de Tito Bustillo en Ribadesella, y también en la del Sidrón con el mayoryacimiento mundial de restos de neandertales. No será hasta el retiro de los hielos, entre el X y V milenio a.d.C. que se puede empezar a percibir el paisaje asturiano de modo similar a lo que hoy vemos.

Con el Neolítico aumenta el poblamiento como atestiguan los numerosos restos megalíticos y utensilios, también se inicia la agricultura y los asentamientos en lugares dominantes –defensa- que serían ya en la Edad del bronce la base de una cierta cultura urbana en la que la minería y la fundición ya tienen su espacio. Al final de esta época se intuye que se inicia la cultura castreña, entornos urbanos de claro carácter defensivo que tendrán su apogeo en la Edad del hierro, cuando ya por toda la fachada atlántica, hasta Bretaña, pueden encontrarse objetos en oro de clara factura asturiana, ya entoncestráfico marítimo mediante.

En esta Edad del hierro ya podemos hablar de Astures, al menos así nos lo cuentan tanto Plinio como Estrabón. Estos ocupaban una amplia zona que excedía la propia Asturias llegando por el sur hasta el Duero, es decir León, Zamora, con partes de Portugal y de Orense. Su economía se basaba en la ganadería, una modesta agricultura a cargo de las mujeres, la minería de hierro, oro y cobre y, importante, la guerra con los vecinos como claro elemento económico. Es la época dorada de los Castros, con sus muros de cinta y sus fosos y aunque no lo parezca también tenían tiempo para adorar a sus dioses, múltiples, entre los que destacan Belenos o Taranis de clara estirpe céltica. Schultenhabla de la práctica de la “covada” por los hombres astures, una representación del alumbramiento en la que se buscaba una equiparación con el superior estatus femenino en una sociedad, la astur, matriarcal y que ha traído su impronta hasta hoy en día.

Los romanos habían llegado a Hispania allá por el 218 a.d.C. unos doscientos años mástarde solo quedan libres los Cántabros y los Astures. Será una larga y épica contienda que tendrá que ser liderada en su fase final por el propio Augusto y cuya consecuenciaserá el inicio de la romanización de estas tierras. Esta romanización, debido a la morfología del territorio será en Asturias bastante superficial y se centrará sobre todo en la explotación aurífera ya que Augusto había decretado la monetización en oro y eso implicaba una gran demanda de este metal. La Vía Carisa o la de la Mesa, serán lasarterias que desde León y Astúrica Augusta, Astorga, mantendrán el flujo del imperio con la Tierra Astur y con Gijón, pequeña ciudad romana con termas pero sin foro, acorde con su rango.

La romanización se extiende en la zona, si bien superficialmente. El cambio del patrón monetario a la plata llevará la pérdida de importancia de la provincia que queda como proveedora de tropas auxiliares. El paso de los Vándalos no deja huella y el posterior dominio godo solo alcanza a extender la cristianización, controlar el territorio y poner las simientes del feudalismo posterior. Podríamos hablar de astures someramente romanizados y nada germanizados.

PELAYO, EL REFUGIADO

Para el 711, Musa ben Nusair, gobernador de Ifriquiya, el Magreb, acude al llamado de una facción visigoda –vieja historia- y envía a Tariq ben Ziyad al mando de unos 7000 moros que derrotan al rey Rodrigo en Guadalete y abren la puerta a la conquista de todo el territorio hispano, acción que completará su jefe Musa entre el 712 y el 714, cuando es llamado a rendir cuentas ante el califa, en Damasco, por prácticas corruptas. Es aquí cuando ya podemos retomar el hilo con Don Pelayo a quien se supone participante en la batalla como espatario –miembro de la guardia personal del rey- lo que implicaba un cierto grado de nobleza y quien ante el avance musulmán toma el camino del nortehacia Asturias en compañía de su hermana –dato importante para lo que vendrá después- donde según las crónicas contaba con alguna posesión.

Es de suponer que en Asturias, una vez tomada por los musulmanes y con el gobernador Munuza en Gijón, la situación sería similar a la del resto del país y los otros territorios ya conquistados por los ejércitos agarenos al Imperio Bizantino, es decir, los “dhimmis”, los cristianos o gente del Libro, tras algún tipo de acuerdo –conforme a lo señalado en el Corán-, pagando los impuestos de riqueza y de capitación, en lo que sería para algunos “un buen pasar”, y la historia de España hubiese sido bien distinta si no llega a ser porque Munuza se encapricha de Adosinda, la hermana de Pelayo, y aquí las crónicas ni tampoco Sánchez de Albornoz aclaran del todo si con ánimo matrimonial o simplemente libidinoso aunque la novela romántica y el teatro han sacado buen partido de este detalle de la historia.

PELAYO, REBELDE Y CAUDILLO

El astuto Munuza, preparando el terreno para su ofensiva sobre Adosinda, envía a Pelayo a Córdoba en calidad de rehén o invitado con libertad restringida y allí, dicen las crónicas, conmovido éste ante el atropello que sufren los cristianos y el menoscabo a que se encuentra sometido decide escapar y volver a Asturias, vamos, el “echarse al monte” tantas veces repetido en la historia patria. Estamos en la primavera del 717 y el destino de este hombre lo encamina a Covadonga.

Ya en Asturias, tras descubrir lo sucedido con su hermana y tras épica huida ante los esbirros del wali cordobés, Al Hurr, enviados a por él, se encamina hacia el oriente asturiano, seguramente menos controlado que la zona central y donde debía tener algún tipo de ascendiente sobre los astures de aquellos valles angostos.

Para el verano del 718, época de cosecha y trabajos comunitarios, o del otoño, cuando se bajan los ganados de las majadas de altura a los valles, es probable que tuviese lugar la asamblea o “aconceyamientu” en Cangas de Onís en el que Pelayo será elegido caudillo de unos hombres que, durante siglos, habían demostrado llevar mal el yugo impuesto y a los que habría convencido mediante conversaciones y apelaciones a la libertad y a la fe cristiana durante los meses del 718 que las crónicas nos escamotean.

Este caudillo, es elegido por astures, no como continuador de la legalidad goda, que también les es ajena, si no como igual entre ellos, como líder de una nueva legalidad que con el acto asambleario se crea, que aún no es institución, solo es rebelión pero que, si hay suerte, será el embrión de algo totalmente nuevo, el reino de Asturias. Vaya lo anterior en relación con el llamado neogoticísmo que aparecerá cuando dos centurias más tarde, al descender el reino hacia León, se intente convertir a los electores de Cangas en nobles godos y a Pelayo en hijo de un dux, Favila, imposible de encontrar en las relaciones visigodas del Aula Regis.

LA BATALLA DE COVADONGA

El inicio de la rebelión es afortunado. Al Hurr no parece preocuparse de esos “asnos salvajes” que asaltan recaudadores de impuestos y mantienen a la pequeña guarnición musulmana en sus cuarteles. Córdoba está más interesada en progresar hacia la Narbonense y el siguiente wali, Al Samah, llegado el 719, se preocupa de organizar el territorio del sur hispano, más rico, y avanzar hacia la Galia donde morirá en batalla ante el duque de Aquitania tras tomar Narbona en el 721. Será el primer revés serio de los sarracenos.

Su sucesor, Anbasa, llega en agosto de ese mismo año y, posiblemente para elevar la moral de sus huestes con una victoria fácil antes de retomar los asuntos galos, envía al inicio de la primavera siguiente, en el 722, a un tal Al Qama al frente de un ejército para acabar con los rebeldes del norte. Este ejército debió entrar como casi todos por el Camino de la Mesa, sometiendo a todos aquellos asentamientos que los informes de Munuza indicaron como rebeldes. Avanzando por el valle del rio Piloña, debió progresar más tarde, desde Arriondas, Sella arriba, hasta Cangas de Onís.

Para entonces Pelayo y sus hombres se había recogido hacia la zona del monte Auseva y la Cueva Dominica (de la Señora), que así se la conocía en la época y que está colgada a 30 metros de altura en medio de un murallón rocoso. Allí contaban con la fortaleza del terreno para la defensa y también, a través de los Picos, con una vía de escape haciaValdeón, una especie de valle santuario en medio de la cordillera y entonces de imposible acceso para una fuerza articulada como la sarracena. Es probable que se viesen en las últimas.

Al Qama avanzó hacia Covadonga, era el 28 de mayo del 722, seguramente tranquilo pues el valle es amplio y despejado en comparación con otros lugares. Le acompañaba, dicen las crónicas, el taimado obispo Oppas, hijo de Witiza y ya traidor a Rodrigo, para llegado el caso parlamentar con Pelayo, como así fue, aunque obviamente con resultado negativo.

A la altura del monte Auseva el valle, de pronto, se cierra y convierte en angostura, nohay espacio para variar el despliegue y hay que seguir en columna hasta que, a la vuelta de un recodo, se encuentran bajo la cueva en la que Pelayo con 300 hombres –la cifra, aportada por las crónicas cristianas, recuerda mucho a Leónidas en las Termópilas pues la de Alfonso III cuantifica en unos exageradísimos 187.000 a los atacantes - espera a los mahometanos.

Las flechas y piedras de arqueros rebotan contra la muralla y, súbitamente, el grueso de los hombres del caudillo, emboscados en la espesura del monte valle abajo, caen en medio de la columna enemiga, rompiéndola y provocando el pánico de modo que la retaguardia vuelve grupas y huye hacia Cangas. Es el momento que elige Pelayo para caer sobre la vanguardia donde se encuentran Al Qama y Oppas. También aquí cunde el desconcierto y los más huyen hacía el camino de los puertos –la actual carretera de los Lagos- dejando a Al Qama muerto y al obispo prisionero.    

Los huidos hacia Cangas, diezmados, pues es sabido que las poblaciones por donde pasan las tropas desbandadas suelen cebarse en ellas, llegarían a Gijón con las nefastas noticias, poniendo al escape a Munuza y su guarnición que también serían copados y aniquilados cuando intentaban ganar las alturas del Camino de la Mesa algunos días después.

El resto de la vanguardia sarracena fue alcanzada por los hombres de Pelayo en el tramo-de extremada dificultad ciclista para los aficionados a este deporte que suben a Los Lagos- conocido aún hoy como la Huesera. Después, los sobrevivientes, vagarían entre ímprobas dificultades por los picos pues no contaban con guías, para llegar a Cosgaya, en la Liebana, donde algunas crónicas los llevan a perecer bajo un argayo fortuito y otras, más leyenda que crónica, dicen que perecieron a manos de Gaudosia, mujer de Pelayo, que se encontraría a resguardo en aquellas partes con las mujeres y una pequeña guarnición.

Tras la victoria Pelayo ya no es caudillo, es aclamado rey y asienta su capital en Cangas de Onís donde morirá tras 19 años de reinado.

LA RESILIENCIA ASTURIANA Y SU IMPORTANCIA PARA EL RESTO DE ESPAÑA

El hecho de que la capital asturiana se mantuviese en Cangas durante mucho tiempo, hasta que Silo la mueve a Pravia más de cincuenta años después, da cuenta de la precariedad del reino, expuesto a ser arrasado por un adecuado ejército cordobés; pero allí, en Al Andalus, las cosas de palacio iban torcidas y las guerras internas no darán tregua durante un largo periodo de años que empiezan después de la expedición deAnbasa a la Galia y que vacían las guarniciones musulmanas de Galicia dejándola desguarnecida.

En Asturias es elegido Favila, hijo de Pelayo, que morirá a los dos años bajo las garras de un oso y a quién sucede su cuñado Alfonso, otro golpe de fortuna para la historia de España pues era éste hijo del dux de Cantabria, lo que ennoblecía la estirpe y, sobretodo, era hombre resuelto y de grandes luces, contando además con su hermano Fruela, guerrero excepcional, como lugarteniente.

Alfonso, que muere en el 757, y su hermano, llevan a cabo una política de ocupación de la abandonada Galicia y, hacia el sur, comienzan el vaciado de la cuenca del Duero, llegando hasta la serranía Central y hasta la cabecera del valle del Ebro. Entran en Tuy, Zamora, Astorga, León, y exterminan a todo agareno que se encuentran pero vacían las ciudades llevándose a sus pobladores, patrones y siervos, y repueblan con ellos sus dominios norteños. Es la época de las pueblas, polas, etc. y así nacerán Pola de Gordón,Pola de Laviana, Pola de Allande y otras. Con estos pobladores, muchos de ellos de raíz goda, llega también el derecho germánico que se incorpora junto al romano a las fuentes legislativas asturianas.

Está política tiene un claro efecto militar pues en el futuro los ejércitos cordobeses no contarán con logística suficiente para acometer el reino, centrándose más en el Levante. Por añadidura, su simple existencia y permanencia, supone un foco de atención suficiente como para que los musulmanes no pongas sus ojos en los pequeños núcleosque resisten en los profundos valles pirenaicos y que darán lugar posteriormente a los condados de Sobrarbe y Ribagorza.

Hasta que Córdoba se recupera e intenta retomar la iniciativa son tiempos que Asturiasaprovecha para consolidarse, repoblar su territorio como hemos visto y, posteriormente, comenzar la repoblación del “desierto” del Duero durante el reinado de Ordoño I. Su éxito será su perdición cuando Alfonso III el Magno consolide la ocupación de todo el territorio y a su muerte reparta el reino –práctica nefasta de los reyes de León- entre sus hijos; tras la tradicional lucha fratricida será Ordoño II el que en el 914 traslade la capital desde Oviedo a León y con ello de nuevo los astures quedarán apartados del camino principal de la historia.

Antes de que ese hecho se produjese otra serie de elementos de suma importancia para la historia de España tuvieron lugar en el solar astur. En Liébana, el ya entonces famoso Beato, reafirma la predicación del apóstol Santiago en la Hispania romana, hecho del cual nunca se tuviera noticia clara y del que la historiografía moderna tampoco ha encontrado rastro; eran tiempos del reinado de Mauregato, al que también infundadamente se le adjudica el oprobioso impuesto de las cien doncellas y que había llegado al trono en el 783 tras deponer a Alfonso el Casto. Este rey, que accede al trono unos años después, es un gran monarca, completa la repoblación del Duero, sufre dos acometidas musulmanas en la propia Oviedo que casi acaban con el reino, repuebla Oporto y toma Lisboa, y alcanza Sevilla en una de sus incursiones pero, sobre todo, es durante su reinado que el obispo Teodomiro, en el 814, da cuenta del hallazgo del sepulcro del Apóstol Santiago. Tras un titubeo inicial, Alfonso peregrina a Compostela y erige una humilde iglesia para albergar el sepulcro. Sera el inicio de una tradición milenaria y hoy universal, y para la monarquía astur una grande y prestigiosa operación de mercadotecnia política.


J.M.S