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Tartessos

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Tartessos: el enigma del reino perdido de la península ibérica


El origen de la enigmática cultura orientalizante del sur de la Península Ibérica ha dado pie a un sinfín de hipótesis, ¿eran fenicios o tal vez sean la Atlántida perdida de Platón? Lo más probable es que se trate de una cultura local.

Tartessos en la península ibérica

La mayoría de historiadores lo tiene claro: el primer autor que mencionó a Tarsis se estaba refiriendo a las relaciones comerciales que los israelitas mantenían con Tartessos, el reino situado más allá de las columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar), en el Bajo Guadalquivir, que rigió el mítico rey Argantonio. Desde esta primera mención, el aura enigmática en torno a Tartessos no se ha desvanecido. Viajeros, filólogos y arqueólogos se han lanzado durante decenios a la búsqueda de los restos de aquella civilización que floreció entre los años 1000 y 500 a.C., para desaparecer luego y caer en un olvido silencioso que ha durado hasta hace poco, inmersa en una nebulosa de incertidumbres y conjeturas.

Tartessos y la Atlántida

El interés por la misteriosa Tartessos se remonta a la Antigüedad. Diversos historiadores y viajeros griegos de los siglos VI al IV a.C. dejaron constancia de lo que se sabía, o creía saberse, sobre aquella civilización. Tal fue el caso de Hecateo de Mileto, de Heródoto y, sobre todo, de Avieno, que en su Ora marítima hablaba de un río llamado Tartessos que ceñía la isla en la que se encontraba la ciudad, también denominada Tartessos. Otro autor del siglo IV a.C., Eforo, se refería igualmente a "un mercado muy próspero, la llamada Tartessos, ciudad ilustre, regada por un río que lleva gran cantidad de estaño, oro y cobre de Céltica".

A todos ellos se sumó una referencia aún más intrigante, la de la Atlántida cantada por Platón en sus Diálogos, particularmente en el Timeo, y que muchos no dudaron en identificar con Tartessos. ¿A qué, si no, podría aludir Platón cuando describe la Atlántida como "una gran isla, más allá de las columnas de Heracles, rica en recursos mineros y fauna animal"?

Incluso arqueólogos contemporáneos han creído hallar los restos de la Atlántida en la región tartesia. Pero, de momento, se trata de una conexión imposible, basada más en las fabulaciones que en las certezas. Tal es caso de la tesis del francés Jacques Collina-Girard, que ubicó en 2001 la Atlántida en la isla Espartel, a medio camino entre Cádiz y Tánger; y de los avistamientos de Rainer Kuehne, quien en 2004 dijo haber localizado con imágenes aéreas los vestigios del templo de "plata" consagrado a Poseidón y el templo "dorado" levantado en honor a Cleito en la Marisma de Hinojos, cerca de Cádiz.

Al margen de la cuestión de la Atlántida, el primer autor que intentó localizar con exactitud Tartessos fue un filólogo, Antonio de Nebrija, responsable de la primera gramática castellana. En 1492, Nebrija identificó Tartessos con el río Betis (Guadalquivir) y con el paisaje de brazos marinos que formaba el río en su desembocadura. Pero las conjeturas de Nebrija, emitidas desde la intuición, no contaban con ningún tipo de respaldo arqueológico.

Tras las riquezas de Argantonio

La investigación arqueológica se hizo esperar hasta el siglo XIX. El primero que removió las entrañas andaluzas en busca de Tartessos fue George Bonsor, un pintor anglofrancés que quedó fascinado por los paisajes de Andalucía y que, desde la década de 1880, cambió lienzo y acuarela por pico y pala en cuanto comprobó el potencial arqueológico que se extendía bajo sus pies. Nadie le había enseñado a excavar, pero su ilusión pudo más que su bisoñez. Bonsor recuperó un alijo de piezas tartésicas en diversas necrópolis sevillanas como las de Cruz del Negro, Carmona, Setefilla y Cerro del Trigo.

Bronce tartésico conocido como «Bronce Carriazo»

A Bonsor lo siguió el alemán Adolf Schulten, gran impulsor de la investigación en el yacimiento de Numancia, de donde salió enemistado con las autoridades culturales españolas. Schulten quería seguir el ejemplo de su compatriota Schliemann, que había desenterrado Troya gracias a su fe en las fuentes clásicas. La Ora marítima de Avieno sería para Schulten lo que la Ilíada había sido para Schliemann; y el Coto de Doñana haría las veces de colina de Hissarlik, en Turquía, donde Schliemann encontró, en 1873, la Troya cantada por Homero.

Schulten pretendía demostrar que Tartessos yacía en las Marismas de Doñana y pasó a la acción con la ayuda de Bonsor. Se hizo con las herramientas necesarias y dirigió la ambiciosa aventura de localizar allí Tartessos. Pero al final lo único que encontró fueron unas ruinas de época romana en el llamado Cerro del Trigo. Schulten fracasó, pero su contribución no dejó por ello de ser importante. Su obra Tartessos, publicada en 1924, sirvió para ordenar todos los conocimientos que se tenían sobre la antigua civilización del Guadalquivir y constituyó el punto de partida de investigaciones posteriores.

El tesoro del Carambolo

Todos los testimonios legados por las fuentes se refieren a Tarsis o Tartessos como una civilización de alma metalúrgica: "El más elegante de los mercados, la ciudad del oro y la plata...". Tanto es así que Argantonio, el rey tartesio por antonomasia, lleva la plata (Arg-) incorporada a su nombre.

Pero la literatura se elevó a certeza arqueológica el 30 de septiembre de 1958, el día en que una cuadrilla de obreros que trabajaban en un terreno de un club de cazadores de Sevilla –la Real Sociedad de Tiro al Pichón–, en la localidad de Camas, cuatro kilómetros al oeste de Sevilla, hizo un sensacional descubrimiento: un recipiente de barro en cuyo interior aparecieron 16 placas, dos brazaletes, dos pectorales y un collar. Todas las piezas eran de oro macizo y pesaban casi tres kilos. Después de analizarlas, el arqueólogo Juan de Mata Carriazo concluyó que era "un tesoro digno de Argantonio".

El hallazgo del tesoro de El Carambolo (se lo llamó así por el cerro de 91 metros de altura, de este nombre, en el que se encontró) alborotó los foros científicos cuando muchos se resignaban ya a una Tartessos virtual. El Carambolo se convirtió en la imagen de cabecera de la cultura tartesia y Juan de Mata Carriazo, en el padrino del descubrimiento. Durante tres años, Mata Carriazo excavó el yacimiento que representaba a la Tartessos tangible. Desenterró muros, estudió cerámicas, cotejó niveles estratigráficos y demostró, por fin, que Tartessos no era una alucinación de los autores de la Antigüedad.

Tesoro de El Carambolo, Museo Arqueológico de Sevilla

De este modo, los estudiosos pudieron definir un mapa de la civilización tartesia, que se extendía por la mitad sur de la Península. Diversos yacimientos quedaban, así, asociados con Tartessos: en la provincia de Huelva, los de La Joya y el Cabezo de San Pedro; en la de Sevilla, El Gandul y Carmona; en Córdoba, La Colina de los Quemados; en Bajadoz, Medellín y Cancho Roano, e incluso en Portugal se considera tartesio el yacimiento de Alcácer do Sal. También cabe incluir en el área tartesia la localidad gaditana de Mesas de Asta, la Asta Regia romana. El término Regia es una interesante pista sobre el tipo de organización política del mundo tartésico; investigadores como Manuel Bendala sospechan que alguna élite tartésica gobernó estas tierras antes de que Roma le pusiera nombre.

En años recientes, la cuestión que más debate ha suscitado en torno a la cultura de Tartessos es la de su relación con el mundo fenicio. A partir del siglo VIII a.C., navegantes y comerciantes fenicios fundaron ciudades y factorías en el sur peninsular, especialmente en las provincias de Málaga, Granada, Cádiz, Almería y Alicante; un territorio, pues, muy próximo al de los tartesios, con quienes sin duda los fenicios mantuvieron contactos de todo tipo, tanto económicos como culturales y artísticos.

¿Tartesios o fenicios?

Tradicionalmente, se ha pensado que ambas áreas, pese a la cercanía geográfica y a las relaciones que se establecieron entre ellas, permanecieron sustancialmente independientes una de otra. El territorio nuclear tartesio se ha ubicado tradicionalmente lejos de la costa, mientras que lo fenicio se asocia al litoral andaluz y alicantino. Sin embargo, algunos estudiosos plantean hoy en día que entre tartesios y fenicios se dio una auténtica fusión cultural, hasta el punto de que en términos arqueológicos se hace muy difícil distinguir en muchas ocasiones qué elementos son tartesios y cuáles fenicios.

Ésta es justamente la teoría que mantienen dos arqueólogos sevillanos, Álvaro Fernández Flores y Araceli Rodríguez Azogue, que entre 2002 y 2005 excavaron en el yacimiento de El Carambolo, ampliando la investigación que había llevado a cabo Mata Carriazo décadas atrás. En su opinión, El Carambolo no sería un asentamiento indígena, producto de la civilización tartesia, sino un santuario fenicio, dedicado a la diosa Astarté, que alcanzó su máximo esplendor en el siglo VII a.C. y se abandonó en el siguiente. Una sentencia que reduce Tartessos a atrezzo imaginario y cuya onda expansiva ha sacudido a la comunidad científica.

Ambos autores mantienen que el área de expansión colonial de los fenicios se extendió incluso a Extremadura. Creen que los objetos bautizados como tartésicos (entre ellos, el propio tesoro de El Carambolo) son la expresión colonial de un pueblo semita que se asentó en Cádiz allá por el siglo X a.C. para luego expandirse por la costa y el interior peninsular. De esta forma, El Carambolo sería un santuario fenicio, resultado de un cierto "mestizaje" entre lo semita y lo local. Se podría comparar con la colonización española de América tras la llegada de Cristóbal Colón. Si uno contempla la huella dejada por los españoles en catedrales o iglesias de América Latina, ¿las catalogaría como obras españolas o locales?

Reproducción de la Estela de Bensafrim

Tartesoescépticos


Un congreso celebrado en Huelva en 2011, dio resonancia a las posiciones de los "tartesoescépticos", aquellos que dudan de que Tartessos pueda ser considerada como una cultura diferenciada. El debate se ha trasladado incluso a las vitrinas del Museo Arqueológico de Sevilla. Allí se exponen, también desde diciembre de 2011, las piezas del tesoro de El Carambolo, que durante décadas habían permanecido a buen recaudo en la caja fuerte de un banco. Pero ahora los visitantes leen una nueva denominación de origen: fenicia.

Sin embargo, para la mayoría de especialistas el dictamen de Fernández Flores y Rodríguez Azogue peca de atrevido. Creen, por el contrario, que en El Carambolo sí se advierten rasgos específicamente tartesios. Una evidencia de ello se encontraría en el altar con forma de piel de toro que ha aparecido en el epicentro del recinto sagrado, la misma forma de los pectorales del tesoro de El Carambolo. En ningún santuario fenicio se encuentran altares con este perfil; únicamente en territorio hispano.

Maqueta de Cancho Roano

Otros altares del área tartesia tienen la misma forma que el hallado en el Carambolo, como los de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz) y Cerro de San Juan (Coria del Río, Sevilla). Cuenta el mito griego que Hércules, después de matar al gigante Gerión –el primer rey de Tartessos, según la leyenda–, se apropió de su rebaño de toros rojos, en el que fue el décimo de los doce trabajos atribuidos al héroe griego. Así, pues, el toro es el salvoconducto de Tartessos para no arder en la pira de las invenciones históricas.

El primer autor que intentó localizar con exactitud Tartessos fue un filólogo, Antonio de Nebrija, responsable de la primera gramática castellana
Algunos arqueólogos contemporáneos han creído hallar los restos de la Atlántida en la región tartesia.

Pectoral de oro en forma de piel de toro, procedente de El Carambolo
La obra de Schulten sirvió para ordenar todos los conocimientos que se tenían sobre la antigua civilización del Guadalquivir


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Introduccion

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Historia de España

La historia de España engloba el período comprendido desde la primera colonización humana en la prehistoria en la península ibérica hasta la actualidad. Si bien la formación del estado español dataría de finales de la Edad Media con la unión y la invasión (caso de Navarra y Granada) de los reinos que la acabarían formando: Castilla, León, Aragón, Navarra y el Reino de Granada, y es a partir de ese momento que empieza a conocerse como un estado único hasta la actualidad.


Introducción


Los primeros homínidos llegaron al territorio de la actual España hace 1,2 millones de años aproximadamente. Se sucedieron varias especies, como Homo antecessor, los preneandertales de la Sima de los Huesos (identificados en un principio como Homo heidelbergensis) y los neandertales (Homo neanderthalensis), hasta que hace unos 35 000 años los humanos modernos (Homo sapiens) entraron en la península ibérica y fueron desplazando a estos últimos, con los que aún coexistirían durante cerca de 10 000 años. Hace unos 27 000 se extinguieron las últimas poblaciones neandertales en el sur. Durante los milenios siguientes el territorio fue lugar de asentamiento de pueblos íberos, celtas, fenicios, cartagineses, griegos y hacia el 200 a. C. la península comenzó a formar parte de la República Romana, constituyendo la Hispania romana. Tras la caída de Roma, se estableció el Reino visigodo. Dicha monarquía visigótica se inició en el siglo v y se mantuvo hasta comienzos del siglo viii. En el año 711 se produjo la primera conquista musulmana desde el Norte de África; en pocos años el islam dominaba gran parte de la península ibérica. Durante los 750 años siguientes, el reino dominado por musulmanes sería conocido como al-Ándalus, y mientras gran parte del resto de Europa permanecía en los años oscuros, Al-Ándalus experimentaba un esplendoroso florecimiento multicultural, científico y artístico.

De modo paulatino, se produjo la Reconquista, y los reinos cristianos arrebataron progresivamente el territorio a los musulmanes. Comenzada aproximadamente en 722 con la rebelión de Don Pelayo y partiendo desde el norte, avanzó durante los siglos viii a xv culminando con la conquista de Granada en 1492. Durante este periodo los reinos cristianos se desarrollaron notablemente; la unión de los dos más importantes, Castilla y Aragón, por el matrimonio en 1469 de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, posibilitaría la unificación de España y el fin de la Reconquista.

En 1492 los Reyes Católicos financiaron el proyecto del navegante Cristóbal Colón en la búsqueda de una nueva ruta comercial con Asia a través del océano Atlántico, y proclamarían la expulsión de los judíos. La llegada al Nuevo Mundo y la posterior conquista de América forjaron la creación del Imperio español. Durante los siguientes siglos España se alzaría como actor principal del mundo occidental y primera potencia de la época. Durante los siglos xvi y xvii tendría lugar también la época de mayor apogeo de la cultura y las artes hispanas conocida como Siglo de Oro.

El Imperio español en 1580, tras la unificación de la península ibérica bajo un único rey español Felipe II, comprendía América del Sur, América Central y el Caribe, grandes áreas de América del Norte en diferentes grados de influencia o control, las islas Filipinas en Asia, así como enclaves de diversa importancia en las costas de África y la India. Incluía además numerosas posesiones en Europa, los Países Bajos españoles, el Ducado de Milán o el Reino de Nápoles, la mayoría de ellas perdidas tras la paz de Utrecht de 1713.

La católica e Imperial España se vio involucrada durante este período en numerosos conflictos especialmente contra el Imperio otomano, los Países Bajos, los protestantes, Inglaterra y Francia. Con la muerte de Carlos II en 1700, la casa de Austria se extinguió para dejar paso a la de los Borbones tras la guerra de Sucesión. España fue perdiendo progresivamente su preponderancia militar y tras sucesivas crisis el país redujo paulatinamente su poder; a principios del siglo xix ya se había convertido en una potencia de segundo orden.
El Primer Imperio francés de Napoleón Bonaparte invade la península; meses después, el 2 de mayo de 1808, se inició la sublevación popular que desembocaría en la Guerra de la Independencia Española. Como principal consecuencia de la guerra y tras la expulsión de los franceses en 1814, España sufrió las Guerras de independencia hispanoamericanas. El siglo continuó caracterizándose en la metrópoli por la inestabilidad política y la puja entre liberales y partidarios del Antiguo Régimen. Entre 1873 y 1874 tuvo lugar la I República. La llegada de la Revolución Industrial y el sistema canovista a finales del siglo elevó el nivel de vida de una clase media que empezaba a consolidarse en los núcleos urbanos principales; sin embargo la Guerra hispano-estadounidense o «Desastre del 98» supuso la pérdida de la mayoría de las últimas colonias del antiguo imperio, generando una profunda conmoción en la sociedad española.

Mientras el nivel de vida y la integración con el resto de Europa progresaban, la inestabilidad política marcaba el primer tercio del siglo xx. En abril de 1931 al conocerse en las elecciones municipales la victoria en las principales ciudades de las candidaturas republicanas, el 14 de abril se proclamó la Segunda República, abandonando el rey Alfonso XIII el país, con el fin de evitar una guerra civil, que llegaría 5 años más tarde, en 1936, con el Golpe de Estado de julio de 1936. La Guerra Civil Española se saldaría en 1939 con la victoria del bando franquista.​ España fue oficialmente neutral durante la Segunda Guerra Mundial; Tras la posguerra, periodo marcado por la escasez y el aislamiento internacional, siguió un periodo de fuerte desarrollo económico y de cierto aperturismo durante las décadas de los 60 y los 70.

Tras la muerte del dictador Franco, se recuperó la tradicional Monarquía española en la figura del Jefe del Estado, el rey Juan Carlos I, y se aprobó la Constitución de 1978 durante el transcurso del periodo conocido como transición que garantizó una gradual evolución de la nación hacia la consolidación de la monarquía democrática parlamentaria. España ingresó en la Comunidad Económica Europea, actual UE, en 1986, organizando importantes eventos internacionales como la Copa Mundial de Fútbol de 1982 o los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, y en 2002 adoptaría el euro como moneda oficial.


J. M. S




Crucifixión

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Crucifixión


La crucifixión es un método antiguo de ejecución que sigue siendo usado en la actualidad, donde el condenado es atado o clavado en una cruz de madera o entre árboles o en una pared, normalmente desnudo, y dejado allí hasta su muerte.

Esta forma de ejecución fue ampliamente utilizada en la Roma Antigua y en culturas vecinas del Mediterráneo; métodos similares habían sido inventados por el Imperio persa.

La crucifixión fue utilizada por los romanos hasta el año 337, después de que el cristianismo fue legalizado en el Imperio romano en 313 favorecido por el emperador Constantino, pero antes de que se convirtiera en la religión oficial del imperio.

Actualmente, en ciertos países con interpretaciones legales de la Sharia dentro de su código penal como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos​, Sudán del Norte​ y grupos terroristas como Daesh la usan como mecanismo de tortura y ejecución.

Detalles de la crucifixión

La crucifixión era usualmente utilizada para exponer a la víctima a una muerte particularmente lenta, horrible (para disuadir a la gente de cometer crímenes parecidos) y pública, utilizando todos los medios necesarios para su realización. Los métodos de la crucifixión variaban considerablemente con el lugar y el tiempo donde se efectuaban.
Crucifixión de San Andrés
Las palabras griegas y latinas que corresponden a “crucifixión” se aplicaban a formas diversas de ejecución dolorosa, desde empalar en una estaca, clavar o atar en un árbol, o en un poste, hasta formas complejas con diversos travesaños y piezas.

En algunos casos, antes de la crucifixión, los romanos acostumbraban a dar latigazos (flagelar) al reo. Luego, y durante el trayecto hasta el lugar de ejecución, el condenado era obligado a cargar un yugo de madera ("Patibulum" o "furca") sobre sus propios hombros, que posteriormente solía ser usado como travesaño de la cruz.

El historiador romano Tácito documenta que la ciudad de Roma tenía un lugar específico para llevar a cabo las ejecuciones, un área especialmente destinada para la crucifixión, situado afuera de la puerta del Esquilino.

La persona muchas veces era atada al patíbulo por medio de cuerdas, pero el uso de clavos se documenta por varias fuentes, como en el caso de Flavio Josefo, donde sostiene que en la primera guerra judeo-romana (70) “los soldados enfurecidos, clavaban a las cruces a los que eran capturados a unos en una posición y a otros en otra”​ [también se mencionan "clavos" en el evangelio de Juan (Juan 20:25)]. Arqueológicamente estos artículos son más bien escasos, pues algunos objetos utilizados en la crucifixión de los criminales, tales como los clavos, eran codiciados como amuletos con propiedades medicinales.

Instrumento de ejecución

La forma del instrumento empleado en las crucifixiones podía ser muy variada. Flavio Josefo describe múltiples torturas y posiciones en que Tito crucificó a los rebeldes durante la primera revuelta judía (70). Josefo escribió que los romanos “fuera de si -de ira y odio- se divertían clavando a sus prisioneros en diferentes posturas (allon allói skhémati)”.

Al principio los persas fijaban al reo tan solo a una estaca vertical, llamada en la terminología inventada por Justo Lipsio crux simplex ad affixionem. Esta era la construcción disponible más sencilla de torturar y matar a los criminales. Los romanos añadieron posteriormente travesaños de madera atados en la parte superior del poste o estaca formando una T (crux commissa), y también la forma más familiar entre los cristianos (crux immissa). Otras formas comunes eran en forma de X o de Y.

Los escritos más antiguos que relatan crucifixiones describen la forma de la letra T (la letra griega tau) o compuesta de un poste (stipes o palus), con un travesaño (patibulum) sujetado por medio de una clavija en la parte superior:

Plauto (254-184 a.C.) habla del patíbullum usado como travesaño o como sinónimo de cruz:

“Preveo que estáis condenado a morir fuera de las puertas, en esa posición: Con las manos extendidas y clavadas al patíbulo”.
Miles Gloriosus, 359-360.

Dionisio de Halicarnaso (primer siglo a.C.) describe esta antigua práctica:

“Los hombres a quienes se les ordena llevar al esclavo a su castigo, habiendo extendido sus manos las atan a un pedazo de madera extendido por su pecho y hombros hasta sus muñecas, siguiéndolo, desgarrando su desnudo cuerpo por los latigazos”.
Antigüedades Romanas, 7.69.1-2.

Séneca (c. 4 a.C. al 65 d.C.) también refiere:

“Se esforzaban por soltarse de sus cruces, a las que cada uno estaba clavado de sus manos [...] ¡Algunos de ellos llegaron hasta a escupir sobre los espectadores desde sus propios patíbulos!
De Vita Beata, 19.3

Ubicación de los clavos

En la cultura popular existe la creencia (posiblemente derivada de leer literalmente la descripción del evangelio de Juan de que las heridas de Cristo estaban “en las manos”),​ de que el condenado era clavado en las manos, sin embargo documentos históricos refieren que los clavos estaban en las "χείρ", palabra griega que generalmente se traduce como mano, que se refiere desde brazo hasta mano, mientras que si se quiere describir específicamente la mano se escribe "ἄκρην οὔτασε χεῖρα".

Crux simplex ad affixionem
Una posibilidad que no requiere que además hubiese sido atado es que los clavos se insertaron justo debajo de las muñecas, entre los dos huesos del antebrazo (el radio y el cúbito). Los clavos también pudieron haber sido colocados a través de la muñeca, en el espacio entre los huesos del carpo, conocido como espacio de Destot. La palabra utilizada en los evangelios χείρ traducida como “mano” es utilizada también en Hechos 12:7 donde se narra que las cadenas de Pedro cayeron de “sus manos” siendo que éstas debieron de estar colocadas en sus muñecas. Esto muestra que el uso semántico de χείρ es mucho más amplio que el término castellano mano, y puede que los clavos estuviesen situados en la muñeca.

Un experimento realizado por un documental del canal de National Geographic titulado “Quest For Truth: The Crucifixion” (Búsqueda de la verdad: La crucifixión) mostró que una persona puede ser suspendida por la palma de su mano. Clavar los pies a un lado de la cruz libera esfuerzo en las muñecas depositando la mayor parte del peso en la parte baja del cuerpo. Otra posibilidad sugerida por Frederick Zugibe es la de que los clavos pudieron haber sido colocados entrando en la palma, en la base del dedo pulgar y salió por la muñeca, pasando por el túnel carpiano.

Una ménsula o supedaneum atado en la cruz, probablemente para quitar el peso del cuerpo de las muñecas es incluida constantemente en representaciones de la crucifixión de Jesús, pero esto no es mencionado en fuentes antiguas. Estas, sin embargo, documentan un pequeño asiento en la parte frontal de la cruz (sedile).

Causas de la muerte

El tiempo necesario para alcanzar la muerte va de horas hasta varios días, dependiendo exactamente del método empleado, el estado de salud de la persona crucificada y circunstancias ambientales.

Algunos investigadores creyeron que la muerte podía producirse como resultado de una “rotura del corazón”, debido a la historia bíblica del agua y la sangre que fluye de la herida de Cristo.

Otra teoría, del cirujano Pierre Barbet, establece que la causa típica de la muerte en la cruz era la asfixia.

Experimentos en voluntarios desde 1980, realizados por el doctor Frederick Zugibe de la Universidad de Columbia, han revelado que cuando alguien se encuentra suspendido con los brazos de 60° a 70° desde la vertical, aun teniendo menor dificultad para respirar que con los brazos en posición directamente sobre su cabeza, experimenta un dolor e incomodidad que crece rápidamente, pudiendo sobrevenir la muerte en cuestión de minutos u horas según si tuviera una base para apoyar los pies. Zugibe asegura que el crurifragium,​ era utilizado solo como “golpe de gracia”, causando un shock traumático severo o causando embolia grasa, pero de ninguna manera induciendo la muerte por asfixia.

Hoy se cree que la muerte en una cruz podía suceder por múltiples razones, como shock hipovolémico, debido a la hemorragia causada por los azotes y los clavos; o sepsis generalizada por las heridas infectadas.​ También podía suceder por la combinación de una serie de otras causas como deshidratación, insolación, cansancio crónico, que eventualmente podían llevar a un paro cardíaco, etc.

Era posible, sin embargo, sobrevivir a la crucifixión y existen registros de algunos supervivientes. El historiador Josefo describe que encontró a tres de sus conocidos crucificados. Él rogó al emperador Tito por ellos y se les concedió el indulto. Fueron descolgados vivos y tratados con el mayor cuidado para su recuperación. Dos de ellos murieron mientras que el tercero logró sobrevivir.​ Josefo no da detalles de los cuidados o tratamientos a que fueron sometidos.

Evidencia arqueológica de crucifixiones antiguas

Además de las referencias de la crucifixión que nos brinda el historiador Flavio Josefo, así como otras fuentes, solo existe un descubrimiento arqueológico de un cuerpo crucificado que data del Imperio romano alrededor de la época de Jesús, descubierto en la localidad de "Giv'at ha-Mivtar" (Ras el-Masaref), al norte de Jerusalén, en 1968.

Única evidencia antropológica e
ncontrada en 1968, sobre una crucifixión
Los restos fueron encontrados accidentalmente en un osario con el nombre del crucificado en él, Jehohanan, “Yehohanan, hijo de Hagkol”. El arqueólogo V. Tzaferis revisó los restos, encontrando que en el hueso del calcáneo (talón) del pie derecho del difunto aún se encontraba un clavo oxidado. Se trataba de un joven que había sido crucificado entre el año 7 y 66 d. C. El profesor Nicu Haas, antropólogo de la Universidad Hebrea y Escuela de Medicina Hadasha de Jerusalén, examinó este osario y llegó a la conclusión de que ambos talones del sujeto habían sido atravesados por un solo clavo (el cual aún se encontraba doblado por la punta), lo que indicaba que el hombre había sido crucificado.​ La punta del clavo tenía fragmentos de madera de olivo indicando que había sido ejecutado en una cruz hecha de madera de olivo o sobre un árbol de esta misma especie. Tenía fracturadas las rodillas y las tibias, hecho infligido probablemente para acelerar su muerte.

El profesor Haas también encontró un rasguño en la cara interior del radio del brazo derecho, cerca de la muñeca. Dedujo por la forma del rayón en el hueso, así como que los huesos de la muñeca se encontraban intactos, que el clavo fue introducido en el antebrazo de esa forma.

Un reexamen posterior del hallazgo, hecho en 1985 por el profesor Joe Zias y el doctor Eliezer Seketes, de la Universidad Hebrea y Escuela de Medicina Hadasha, demostró que el clavo que Haas había supuesto de 17 a 18 cm de largo, en verdad era de solo 11,5 cm, con lo que cada pie fue clavado de manera independiente a cada lado de la cruz. Tampoco encontraron vestigios de clavos usados en los antebrazos. Adicionalmente, una pieza de madera de acacia fue encontrada entre los huesos y la cabeza del clavo, presumiblemente utilizada para mantener los pies clavados y que éstos no se deslizaran a través del clavo.

Historia de la Crucifixión

Probablemente se originó en Asiria; fue utilizado este método sistemáticamente por los persas del Imperio aqueménida durante el siglo VI a.C., ya que consideraban sagrado el fuego y la tierra por lo que suspender al reo ejecutado desde postes era la forma más apropiada de disponer de sus restos. Hay un caso descrito por Heródoto, el historiador griego, en el que Darío I mandó crucificar a 3000 babilonios.

Alejandro Magno copió este sistema y lo introdujo en los países del este del Mediterráneo en el siglo IV a.C.; un registro dice que lo utilizó después de su asedio agotador y oneroso de Tiro, en Fenicia, crucificando a 2000 supervivientes.​ Algunos historiadores aseguran que Alejandro también crucificó a Calístenes, su historiador y biógrafo oficial, por objetar su adopción de la ceremonia persa de adoración real.

Los fenicios cartagineses lo introdujeron en Roma en el siglo III a.C. durante las guerras púnicas.

Hay evidencias de que los piratas capturados eran crucificados en el puerto de Atenas alrededor del siglo VIII a.C.

Algunos teólogos cristianos, basándose en Pablo de Tarso, han interpretado una alusión a la crucifixión en el Deuteronomio 21:22-23, aquí se refiere a “ser colgado de un árbol”, pero puede también ser asociado con un linchamiento o ahorcamiento tradicional. Sin embargo, la tradición judía del Talmud permitía cuatro métodos de ejecución: apedreamiento, hoguera, estrangulamiento y decapitación; pero la crucifixión estaba prohibida en la ley judía.

Se cree que el empalamiento asirio
fue un prototipo de las crucifixiones posteriores
Flavio Josefo describe cómo el rey Alejandro Janneo mandó crucificar a ochocientas personas como represalia por haberse rebelado contra él. Este episodio también aparece en los Manuscritos del Mar Muerto.

En la ciudad hispana de Cartago Nova, la crucifixión fue establecida como método de ejecución, que era aplicada a los generales que sufrían una gran derrota.

Imperio Romano

En los tiempos prerrepublicanos, los romanos en ocasiones castigaban a los esclavos desobedientes atándolos a los árboles baldíos y se les azotaba hasta su muerte.​ De acuerdo con esto existe la tesis de que la crucifixión se pudo haber desarrollado a partir de la antigua costumbre del arbori suspendere, que era colgar a un reo de un arbor infelix (árbol infortunado) dedicado a los dioses del mundo de las tinieblas, pero el profesor William A. Oldfather escribió un detallado estudio refutando la idea que este castigo no involucraba ninguna forma de ahorcamiento o de cualquier otro tipo de método para causar la muerte, además de que asegura que el arbor infelix era dedicado a dioses particulares. Tertuliano menciona en el siglo primero d.C. algunos casos donde los árboles eran usados en la crucifixión. Séneca el Joven utilizó antes la frase infelix lignum (madera infortunada) para referirse a la cruz.

De acuerdo con otras autores los romanos aprendieron la crucifixión de los cartagineses.

Bajo la práctica penal de la antigua Roma la crucifixión también exhibía el bajo estatus social del criminal. Era utilizada para esclavos (de ahí que Séneca lo llamara supplicium servile) y más tarde fue extendida a libertos de las provincias (“humildes”), rebeldes, piratas y para enemigos y criminales odiados. Se crucificó tanto a las mujeres como a los hombres. Los ciudadanos romanos condenados no eran crucificados. Estaban exentos de morir colgados ya que morían más honorablemente por decapitación. La excepción era cuando se cometían crímenes mayores en contra del estado, tal como alta traición (Josefo menciona que judíos de alto rango eran crucificados para mostrar que su elevado estatus había sido suprimido). La víctima crucificada tenía que desnudarse por completo antes de ser clavada a la cruz, sin importar si era hombre o mujer. Por eso la crucifixión era considerada como la forma más vergonzosa y humillante de morir.

Era común que los grupos de ejecución estuvieran compuestos por cuatro soldados y un centurión, y que estos pudieran reclamar los bienes y la ropa de la víctima como parte de su salario (expoliatio). Sobre el reo solía fijarse un "titulus" (gr.: Titlos) o inscripción de la acusación.

Crucifixiones masivas notorias se llevaron a a cabo durante la tercera guerra servil en el 73-71 a.C. (la rebelión bajo el liderazgo de Espartaco), otras guerras civiles romanas en el siglo segundo y primero a.C. y en la destrucción de Jerusalén en el 70 d.C. Josefo narra sobre romanos crucificando a la gente en las paredes de Jerusalén, cuenta también que los romanos crucificaban a los criminales en distintas posiciones. En la crucifixión los condenados sufrían una muerte lenta por sofocación. El cuerpo era mantenido allí para que fuera devorado por los buitres y otras aves.

La meta de la crucifixión romana no era solamente matar al criminal, sino también mutilar y deshonrar el cuerpo del condenado. El control sobre el propio cuerpo era vital en culturas antiguas. La pena capital quitaba ese “auto control” lo que denotaba la pérdida del honor. También en las culturas antiguas una muerte honorable requería del entierro, dejar el cuerpo en la cruz así como mutilar y evitar su sepelio eran una gran deshonra. Además, normalmente los condenados eran expuestos desnudos. Los romanos habitualmente rompían las piernas de los condenados para acelerar su muerte y evitar su entierro.

El emperador Constantino abolió la crucifixión en el Imperio romano al final de su reinado.

Crucifixión en Japón

La crucifixión se utilizó en Japón antes y durante el Shogunado Tokugawa. Era llamado haritsuke en japonés. El condenado (usualmente un criminal sentenciado) era atado a una cruz en forma de “T”. Al final de la ejecución, terminaban con su vida clavándole lanzas. El cuerpo era dejado allí durante un tiempo antes del entierro.

A principios de la era Meiji, el sirviente
Sokichi fue ejecutado por crucifixión
por asesinar al hijo de su empleador
El 5 de febrero de 1597, 26 cristianos, japoneses y extranjeros, tanto clérigos como laicos, fueron clavados en cruces en la colina Nishizaka de Nagasaki, Japón. Entre los ejecutados se encontraban Pablo Miki y Pedro Bautista, un franciscano español que había trabajado cerca de 10 años en Filipinas. Estas ejecuciones marcaron el comienzo de una larga historia de persecución a los cristianos en Japón, que siguió hasta que los Estados Unidos y otros aliados vencieron a Japón en 1945, finalizando la Segunda Guerra Mundial. La aclamada novela histórica Silencio, del autor japonés Shūsaku Endō, da un recuento de la persecución del siglo XVII basado en las historias transmitidas oralmente en las comunidades Kakure Kirishitan.

Crucifixión como castigo en tiempos modernos

Arabia Saudita

Varias personas fueron ejecutadas por crucifixión en Arabia Saudita en la década de 2000, aunque en ocasiones fueron decapitados y luego crucificados. En marzo de 2013, se dispuso que un ladrón condenado a ser ejecutado fuera crucificado durante tres días.​ Sin embargo, el método fue cambiado.

Ali Mohammed Baqir al-Nimr fue detenido en 2012 cuando tenía 17 años por participar en una protesta en 2011-12 contra el gobierno, en Arabia Saudita durante la Primavera Árabe.

En mayo de 2014, Ali al-Nimr fue condenado a ser decapitado públicamente y crucificado.

En agosto de 2018, Elias Abulkalaam Jamaleddeen, originario de Birmania, fue crucificado en la ciudad de La Meca, tras entrar en la casa de una mujer a la que disparó y acuchilló repetidamente, para posteriormente robar. Sentencia ratificada por la Corte Suprema de Arabia Saudí y respaldada por el rey.

Sudán

En la quincuagésima sesión de la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU (1994), obispos locales informaron de varios casos de crucifixión a sacerdotes cristianos. El código penal de Sudán, basado en la interpretación del gobierno de la Shari'a, contempla la ejecución por crucifixión. La sentencia ha sido aprobada en fechas recientes, donde en 2002 se tuvo constancia de 88 personas condenadas.

Yemen

En Yemen se establece la crucifixión no letal de los criminales, aunque este castigo aparentemente también está reservado para aquellos condenados a muerte.

Otras

Durante la Primera Guerra Mundial, existieron fuertes rumores de que soldados alemanes crucificaron a un soldado canadiense en un árbol o en la puerta de un granero con bayonetas o cuchillos de combate. Este suceso fue revelado primeramente en 1915 por el soldado George Barrie de la primera división canadiense. Siempre se ha especulado que pudiese ser propaganda por parte de los Aliados; sin embargo, en 2002, un programa llamado “Secret History” (Historia secreta) identificó al soldado como Harry Band, lo que le ha dado credibilidad a la historia.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en el campo de concentración de Dachau, homosexuales y Bibelforschers (Testigos de Jehová) fueron colgados de postes por las manos atadas a la espalda, agonizando durante horas con los pies colgando en el vacío, lo que es un tipo de crucifixión.

Crucifixión como práctica devocional

Desde mediados del siglo XIX, un grupo de católicos flagelantes en Nuevo México llamados “Hermanos de la Luz” realizan representaciones de la crucifixión de Jesús durante la Semana Santa, donde el penitente es atado (no clavado) a una cruz. Algunos otros ejemplos son las realizadas en Iztapalapa en la Ciudad de México, la cual data de 1833. Crucifixiones devocionales también son comunes en Filipinas durante esa festividad, donde incluso se utilizan clavos reales para clavar las manos. En muchos casos el intérprete de Jesús es sometido primero a la flagelación y usa una corona de espinas sobre su cabeza.

Crucifixiones famosas

Los soldados rebeldes de la tercera guerra servil: entre 73 y 71 a.C., un grupo de esclavos (eventualmente contados como cerca de 120.000) bajo el mando (al menos parcial) de Espartaco contra la República Romana. La revuelta fue aplastada y se cree que el propio Espartaco murió en la batalla final. Se estima que cerca de 6000 de sus seguidores fueron crucificados a lo largo de 200 kilómetros en el camino entre Capua y Roma, como advertencia para otras revueltas.

Cristo crucificado, por Diego Velázquez
Jesús de Nazaret, el caso más conocido de crucifixión, según los textos cristianos fue condenado a morir en una crux commissa modificada para colocar un letrero sobre su cabeza por Poncio Pilatos, el gobernador romano de la provincia de Judea. Según el Nuevo Testamento, esto fue por presiones por parte de los líderes judíos, que estaban escandalizados pues aseguraba ser el Mesías. El cargo fue declararse “Rey de los judíos”, es decir, traición a Roma y sedición.

San Pedro. Según los Hechos Apócrifos de Pedro, fue crucificado boca abajo en Roma, tras la persecución de Nerón, cerca del año . En el Evangelio de Juan se insinúa su muerte por crucifixión:

"«En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.» Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios." (Jn. 21:18-19)

Los 26 mártires de Japón: Un grupo de clérigos y laicos, tanto japoneses como extranjeros, fueron crucificados en la colina Nishizaka de Nagasaki, Japón, el 5 de febrero de 1597.

Arzobispo Joachim: Se reportó crucificado de cabeza, en las puertas reales de la catedral de Sebastopol, Ucrania en 1920.

San Dimas y Gestas: Según una tradición tardía estos son los nombres de los ladrones que fueron crucificados junto a Jesús. Gestas insultó a Cristo y le pidió que le bajara de la cruz; por el contrario, San Dimas reconoció la justicia de su suplicio y pidió a Cristo que le recordara en el Paraíso.

J.M.S.